Revista Electrónica de Investigación Educativa


Vol. 5, Núm. 1, 2003

La universidad necesaria

Jorge Luis Ibarra Mendívil
jibarra@anuies.mx

Secretario General Ejecutivo
Asociación Nacional de Universidades
e Instituciones de Educación Superior


Tenayuca 200,
Col. Santa Cruz Atoyac, 03310
México, D.F., México

 

Conferencia presentada en la Mesa de Expertos del
Tercer Congreso Internacional y Segundo Nacional
“Retos y Expectativas de la Universidad” 1
Universidad del Estado de México, México
6 de noviembre de 2002

Resumen

Ante los complejos escenarios de la globalización, la Universidad necesaria requerirá de modelos flexibles orientados a la solución de problemas y al trabajo en equipo que permitan, además, la entrada y salida de los estudiantes en diferentes momentos de su formación. Entre sus principales características se encontrará la colegialidad de sus profesores en el sentido de experimentación colectiva en la enseñanza, el seguimiento activo del progreso del estudiante, la confianza en el potencial de los alumnos, una gran proximidad entre directores profesores y estudiantes y la existencia de reglas que den certidumbre a la vida institucional.

Palabras clave: Educación superior, flexibilidad, colegialidad, alumnos.

 

Resulta un lugar común hablar del impacto que en la vida de las instituciones de educación superior han tenido y siguen teniendo las grandes transformaciones sociales y políticas ocurridas en el mundo entero, incluido nuestro país, durante los últimos años, así como los efectos del impresionante avance de los sistemas de información en la educación y la investigación. De la misma manera que a la tempestad sigue la calma; al asombro por la vertiginosa velocidad con la que suceden estos cambios debe seguir el análisis riguroso de los nuevos desafíos a que se enfrentan las universidades, tanto en el terreno de las políticas académicas y de las concepciones de los proyectos universitarios, como en los ámbitos administrativo y financiero para continuar con el papel de espacio de certidumbre y esperanza para la sociedad.

La universidad, en tanto producción cultural de la sociedad, se encuentra situada en un contexto histórico y en una sociedad particular, de la cual no puede permanecer aislada. La universidad debe tener la capacidad de responder a las necesidades de su entorno con propuestas adecuadas a sus valores y su cultura. Además debe ser capaz de ver al futuro, de identificar los nichos y los cauces apropiados para una transformación de la sociedad hacia un estadio donde el hombre pueda lograr un desarrollo más justo y pleno. Para responder a las expectativas de su entorno debe poseer la capacidad de proponer respuestas y soluciones a las necesidades materiales y espirituales de esa sociedad. Debe, asimismo, formar a los profesionales que la sociedad demanda sin olvidar que son hombres quienes, para situarse en esa sociedad y contribuir a resolver sus necesidades, requieren de una formación humanística.

No podemos desconocer que las transformaciones señaladas han contribuido al desdibujamiento de las instituciones de educación superior como espacios promotores de los más altos valores y de la movilidad social. Percepción errónea, ante todo, porque se atribuye a las instituciones de educación superior la responsabilidad de problemas derivados del modelo económico prevaleciente. En un reciente estudio de profesionales y empleo, solicitado por la Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de Educación Superior (ANUIES), que se publicará en breve, se observó que durante la última década sólo 55 de cada 100 egresados lograron colocarse en ocupaciones profesionales. El resto sólo encontró trabajos menos especializados. Las causas de este fenómeno pueden encontrarse en las asimetrías entre el crecimiento de la oferta de egresados en el periodo señalado (6.7%) y el crecimiento de la economía mexicana (3.5%) (Consultoría Internacional Especializada, 2002).

La universidad puede formar a los individuos idóneos para cualquier posición en el campo profesional, pero carece de facultad para crear puestos de trabajo para sus egresados; por ello, es inaceptable que se le atribuya la pérdida de la capacidad de incidir en la movilidad social. Ante estas imputaciones, la universidad debe responder con profesionales sólidos en cuanto a su formación académica y flexibles respecto a su capacidad de adaptarse a las condiciones cambiantes del campo laboral; profesionales con la fortaleza para resistir la incertidumbre prevaleciente en los distintos campos profesionales y con la capacidad de continuar aprendiendo durante toda su vida.

Con la globalización han surgido oportunidades para la sociedad, pero también grandes problemas. Así, mientras la ciencia y la tecnología configuran nuevas formas de articulación entre el hombre y su entorno, crece la distancia entre quienes detentan el poder y la riqueza y quienes sobreviven en condiciones de pobreza extrema. Por su lado, los medios de comunicación participan en un proceso de transculturización que amenaza con borrar identidades y tradiciones. Su impacto en la acelerada transformación del conjunto social, evidencia el papel afirmativo de la cultura en nuestras sociedades, la relevancia de la formación académica crítica y la preservación de la cultura, tareas inherentes a las universidades públicas.

Hoy nuestro quehacer científico y pedagógico requiere de la incorporación y el uso de las nuevas tecnologías. Los conceptos y nociones de redes y sistemas, así como sus significados han venido a reformular la discusión entre las comunidades científicas y pedagógicas, dando un novedoso impulso al dominio tecnológico sobre la vida, el mundo físico y la naturaleza, y generando nuevos espacios de socialización.

En una reunión celebrada en Hourtin, Francia, en junio de 2002, un grupo de expertos reflexionó sobre las mutaciones previsibles en los escenarios para la educación del futuro, en el horizonte del año 2020, derivadas del vertiginoso desarrollo de las nuevas tecnologías de la información y de la comunicación (L’edition 2002 de l’université, 2002). En la mayoría de los escenarios analizados, la institución educativa se transforma radicalmente. En un extremo se visualiza una institución capaz de integrar de manera inmediata cualquier avance en materia de tecnología y pedagogía, en un ambiente de aceleración extrema de la evolución tecnológica que, sin embargo, pierde en ese proceso su identidad y su sentido. En el otro extremo la institución desaparece para dar lugar a un sistema de nómadas electrónicos por el cual los alumnos se desplazan en un territorio virtual que distribuye una cultura única mundializada. Entre ambos extremos se vislumbran espacios de socialización o de individualización (educación personalizada), así como instituciones que se alinean en forma acrítica a las necesidades de los mercados laborales.

Ante los retos y escenarios antes indicados, los desafíos que enfrentan actualmente las universidades son múltiples y complejos. Ello motiva la reflexión sobre la urgencia de imaginar la universidad necesaria que reclaman los nuevos escenarios. Deberá continuar asumiendo el papel de conciencia crítica de la sociedad y participar en el análisis y la evaluación de las nuevas tendencias sociales, políticas y económicas, así como en los avances del conocimiento humanístico y científico para proponer la construcción de un futuro donde el hombre pueda alcanzar su desarrollo pleno. Uno de sus quehaceres esenciales será crear utopías y contribuir a transformarlas en realidades.

La universidad necesaria deberá entregar a la sociedad profesionales, expertos e investigadores altamente capacitados para enfrentar los problemas de los distintos ámbitos de la actividad humana, con una actitud crítica y constructiva, impregnada de los más altos valores y principios y con una auténtica vocación de servicio. Asimismo, deberá asumir un compromiso creciente con la generación de nuevos conocimientos tanto por su potencial para posibilitar el acceso de la población a estadios con una mejor calidad de vida y de equidad social, como por su capacidad para impulsar el avance de las instituciones y la transformación de la sociedad. Otra de sus encomiendas esenciales ha sido, y será con mayor razón en los próximos años, la preservación y el fortalecimiento de las manifestaciones culturales –función esencial para la creación y recreación de los rasgos culturales de los mexicanos– y para propiciar el acceso a la cultura y a los valores de otros pueblos, y tomar de éstos todo lo que contribuya al enriquecimiento de la cultura nacional sin desvanecerse en el proceso de transculturación emprendido por los medios de comunicación masiva.

Dado que la necesidad de aprender a aprender es la clave para un desenvolvimiento adecuado en los distintos ámbitos de la actividad humana y que este tipo de aprendizaje se sitúa en la acción, la formación de los profesionales en la universidad necesaria requerirá de modelos educativos flexibles orientados a las nuevas necesidades que plantea el desarrollo social y económico del país. Modelos orientados a la solución de problemas mediante el juicio crítico, la exploración y el uso de perspectivas interdisciplinarias. Modelos académicos en los cuales el desarrollo de la capacidad para el trabajo en equipo sea una de las prioridades. Modelos académicos que permitan la entrada y salida de los estudiantes en diferentes momentos de su formación para facilitar su exposición a contextos culturales y educativos diferentes, que enriquezcan sus perspectivas de análisis y capacidad de articulación de propuestas. En fin, modelos que propicien una adecuada relación entre la teoría y la práctica, el fomento de la creatividad y el espíritu de iniciativa, el desarrollo integral de las capacidades cognoscitivas y afectivas del individuo, y que combinen el fomento del espíritu crítico y del sentido de responsabilidad social con una formación del más alto nivel.

La universidad necesaria habrá de contar con profesores del más alto nivel formativo y con entusiasmo por el trabajo académico. Entre los rasgos de la universidad necesaria se destacará la colegialidad entre los profesores; el sentido de experimentación colectiva en la enseñanza; la participación de los profesores en la toma de decisiones; la aplicación de estrategias pedagógicas efectivas; el seguimiento activo del progreso del estudiante; la confianza en el potencial de los alumnos; una gran proximidad entre directivos, profesores y estudiantes, y la existencia de reglas consistentes que den certidumbre a la vida institucional.

Los docentes en la universidad necesaria abandonarán la posición tradicional de autoridad académica y formal para transformarse en guías de los estudiantes y coordinadores del trabajo colectivo. Este nuevo papel es esencial para que los futuros profesionales puedan desenvolverse productivamente en una sociedad que les planteará grandes exigencias. La educación sustentada en la solución de problemas de la realidad constituirá una alternativa real para lograr que el alumno adquiera destrezas en la búsqueda de información, el uso de diferentes tecnologías, el manejo de software, la selección y aplicación de la información a la solución de problemas, así como para desarrollar capacidades para el trabajo en equipos disciplinarios e interdisciplinarios. También deberán ser capaces de utilizar estrategias para el desarrollo del pensamiento crítico, para estimular la capacidad de los estudiantes para plantear preguntas, analizar paradigmas, posiciones filosóficas y epistemológicas distintas, elaborar hipótesis, adquirir la habilidad para presentar y defender sus ideas y, de paso, mejorar la aptitud para la comunicación oral y escrita.

Los docentes de la universidad necesaria estarán capacitados para comprender el proceso de construcción del conocimiento en la mente de sus alumnos, detectar y ampliar las habilidades de los estudiantes y transitar de la conducción grupal a la atención individual, según lo requiera el proceso formativo del estudiante. Estará preparado, asimismo, para aprovechar las nuevas tecnologías de búsqueda de información, emplear los programas informáticos fundamentales para su campo de estudio, así como para practicar distintas alternativas de telecomunicación (correo electrónico, foros de discusión e Internet, entre otras).

En el salto cualitativo que supone la universidad necesaria, la figura del docente constituye la clave para el proceso de transformación de las instituciones educativas. Todo ello las obliga a convertirse en centros educativos necesarios, a emprender un intenso proceso de formación de los profesores en las áreas de pedagogía e informática, para propiciar su extensión al sector estudiantil y garantizar la asimilación de los nuevos lenguajes y procesos que serán indispensables en su vida profesional.

La universidad necesaria es una institución fuerte, con grupos de investigación sólidos que funcionan como referentes en un número muy claro de líneas; con grupos en el camino de la consolidación real en el corto plazo; con impacto en la vida nacional por la calidad de sus egresados, por la pertinencia de sus investigaciones, y por el efecto favorable en el desarrollo de otras instituciones públicas a través de su participación en proyectos de intercambio académico. Será asimismo una institución con una fuerte presencia en el entorno nacional e internacional.

Para lograr esa fortaleza institucional, la universidad necesaria añadirá a los valores esenciales de la universidad tradicional los de cohesión, que entraña la capacidad de compartir conocimientos y recursos para fortalecer el desarrollo conjunto de grupos de investigación; compromiso irrestricto con el desarrollo pleno de los estudiantes; tolerancia a la diversidad, que implica respeto a los otros en sus ideas, enfoques y resultados de su trabajo; rigor con el que aborde todas las tareas universitarias; orgullo de pertenencia a una institución necesaria para la sociedad, y transparencia en todos los ámbitos de su acción (toma de decisiones, asignación y aplicación de recursos, información de logros y problemas).

El impacto de la universidad necesaria en la vida nacional se logrará a través del prestigio derivado de la pertinencia de su quehacer. Ello supone el fortalecimiento de su capacidad de brindar a la sociedad los profesionales necesarios en las áreas estratégicas para el desarrollo nacional y poseedores de los valores más preciados de la sociedad: justicia, democracia, equidad, solidaridad y respeto por los derechos humanos. Asimismo, deberá ofrecer a la sociedad los análisis rigurosos y las interpretaciones sensibles de la realidad y del acontecer social que se requieren para la definición de las políticas pertinentes para preservar la soberanía en un contexto de incertidumbre y de desdibujamiento de las instituciones. Será, además, imprescindible por su capacidad de generar conocimientos y propuestas de solución a problemas estratégicos, como la sustentabilidad, la explotación y renovación de recursos naturales, la conservación de los ecosistemas, el conocimiento y la preservación de las diferentes comunidades étnicas, entre muchos otros problemas relevantes.

La universidad necesaria tendrá una participación fructífera en la preservación de la cultura y el fortalecimiento de la identidad institucional, regional, nacional y latinoamericana e impulsará programas orientados a la revaloración de la diversidad cultural y al fomento de una conciencia social, ciudadana, de protección al ambiente y de paz. Además, tendrá un claro compromiso con distintos sectores sociales a través de canales de vinculación efectivos para lograr cabalmente objetivos formativos, de servicio, de intercambio y de obtención de recursos adicionales.

Para lograr estos propósitos en la universidad necesaria existirán mecanismos institucionales para evaluar y asegurar la calidad de la docencia de acuerdo con su filosofía y misión. Asimismo, existirán programas para favorecer el desarrollo integral de los estudiantes y para apoyarlos en la superación de problemas o deficiencias que afectan su desempeño, para asegurar la igualdad de oportunidades de permanencia y conclusión de sus estudios. Serán fortalecidos, además, los programas para el desarrollo de la salud física y mental del estudiante (instalaciones y programas deportivos) y de actividades culturales. También llevará a cabo estudios sistemáticos sobre alumnos y egresados, así como de la prácticas profesionales y de los campos, para identificar las necesidades formativas que permitan retroalimentar los procesos de actualización de programas y diseñar nuevas opciones formativas para diversificar su oferta educativa.

En la universidad necesaria existirán cuerpos académicos sólidos, estrategias de apoyo a grupos en proceso de consolidación, particularmente a los formados por investigadores jóvenes o en la madurez temprana, y programas encaminados a garantizar las condiciones idóneas a los profesores que se reincorporen después de haber obtenido un posgrado para que puedan consolidar nuevos núcleos de investigación.

La universidad necesaria contará con una plataforma de recursos para los programas de movilidad que permitan a los académicos confrontar sus avances y resultados con pares de instituciones de otros países, lo cual favorecerá la articulación con los programas regionales, estatales, nacionales, internacionales y multinacionales en materia de colaboración e intercambio para el fortalecimiento de los cuerpos académicos

Para mejorar la formación de profesores y estudiantes, la universidad necesaria definirá mecanismos de vinculación con otras instituciones de educación superior nacionales y extranjeras, con los sectores más vulnerables a los procesos económicos, las micro y pequeña empresas para brindarles opciones de solución a sus problemas más relevantes, con instituciones del sector público, organismos financieros nacionales e internacionales, y con el sector productivo para intercambiar servicios y propiciar su autonomía financiera.

Las grandes transformaciones que se han revisado pondrán en crisis los valores y tradiciones nacionales y regionales. La universidad necesaria tendrá un papel relevante en este nuevo escenario. No sólo sobrevivirá a las transformaciones sociales, económicas y políticas; será la única fuente de certidumbre para la sociedad y, por tanto, una institución imprescindible en el futuro.

 

Referencias

Consultoría Internacional Especializada, S. A. de C. V. (2002). Mercado laboral de profesionistas en México: diagnóstico y prospectiva al año 2010. Consultado el 2 de noviembre de 2002 en el sitio Web de la Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de Educación Superior, en:
http://www.anuies.mx/anuies/ciesa/ciesa.htm

L’edition 2002 de l’université d’été de la communication à Hpourtin: “Futurs” (2002, 21 de agosto). Le Monde. Consultado el 2 de noviembre de 2002 en:
http://www.lemonde.fr/article/0,5987,3322--287890-,00.html

1 La Revista Electrónica de Investigación Educativa agradece a la presidencia de la Región Centro-Sur de la ANUIES por permitir la publicación de esta conferencia.

Para citar este artículo, le recomendamos el siguiente formato:

Ibarra, J. L. (2003). La universidad necesaria. Revista Electrónica de Investigación Educativa, 5 (1). Consultado el día de mes de año en:
http://redie.uabc.mx/vol5no1/contenido-ibarra.html



Licencia


Copyright (c) 2019 Revista Electrónica de Investigación Educativa

Licencia de Creative Commons
Este obra está bajo una licencia de Creative Commons Reconocimiento-NoComercial 4.0 Internacional.