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Revista Electrónica de Investigación Educativa

Vol. 18, Núm. 1, 2016

La participación social en la educación: entre propuestas innovadoras y tradición educativa

Felipe de Jesús Perales Mejía (*) fperales_m@hotmail.com
María Máyela Escobedo Carrillo (*) mayelaescobedo4@hotmail.com

(*) Universidad Pedagógica Nacional

(Recibido: 6 de mayo de 2014; Aceptado para su publicación: 10 de abril de 2015)

Cómo citar: Perales, F. de J. y Escobedo, M. M. (2016). La participación social en la educación: entre propuestas innovadoras u tradición educativa. Revista Electrónica de Investigación Educativa, 18(1), 69-81. Recuperado de http://redie.uabc.mx/redie/article/view/738

Resumen

Desde 1992, el Estado Mexicano se ha propuesto un renovado impulso a la participación social en las escuelas. A través de diversas normativas buscó promover la capacidad organizativa y la corresponsabilidad de padres de familia, ex alumnos y otros agentes sociales. Para ello propuso algunas acciones que involucraran a la comunidad, entre ellas la constitución de los Consejos Escolares de Participación Social. El objetivo de los Consejos es que, al involucrarse los diversos actores de la comunidad en los asuntos educativos, se genere un diálogo constructivo y corresponsable en la gestión y organización de las escuelas. En el artículo exponemos los resultados de un estudio de caso, desde la perspectiva cualitativo-etnográfica, sobre la manera en que padres de familia, directivos y docentes se involucran en la constitución y operación de los Consejos Escolares en una escuela primaria. Los resultados coinciden con los de otras investigaciones que abordan la problemática sobre la posición que adopta la Asociación de Padres de Familia ante la innovadora figura de los Consejos Escolares.

Palabras clave: Participación social, gestión escolar, Consejo Escolar, Asociación de Padres de Familia, Comité Técnico.

I. Introducción

La participación social en la educación es un tema de actualidad e importancia a nivel local y global. Algunos estudios coinciden en que con el impulso de la participación social en los centros escolares es posible que se construya el servicio educativo con calidad, equidad y la mejora en los resultados de aprendizaje de los alumnos (Santizo, 2011, 2012). Otros observan en la participación social una forma de impulsar el proceso de descentralización del sistema educativo, favoreciendo la autonomía de las escuelas y la rendición de cuentas. La participación social puede desempeñar un papel fundamental en la democratización del sistema educativo y en la mejora de su calidad (Zurita, 2008). Boom (2010), asesor del Banco Mundial, afirma que las investigaciones y la literatura establecen la necesidad de que “las escuelas produzcan educación de calidad con la participación social y con las evaluaciones”. Todo esto nos permite comprender la importancia de la participación social, la cual, además, fue recomendada a nuestro país por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE). Esta organización propone que la participación se realice a través de los Consejos Escolares de Participación Social (CEPS); sin embargo, advierte:

Los consejos escolares pueden ser un recurso importante para mejorar la calidad escolar, pero el simple hecho de crearlos no generará alianzas sociales eficaces. Los consejos escolares necesitan tener poder o influencia real sobre aspectos importantes; así como suficiente información, formación y transparencia (OCDE, 2010, p. 7).

Es loable el esfuerzo de la Secretaría de Educación Pública (SEP) para hacer que la participación social sea una realidad en las escuelas. En los últimos años se ha impulsado de manera significativa la integración de los consejos en 240 mil planteles de educación inicial, especial y básica; de tal manera que en abril de 2012 existían 192,115 CEPS registrados, los cuales representaban el 79.5% del total de centros en el país (SEP-CONAPASE, 2012).

Para el ciclo escolar 2012-2013 había 241,762 escuelas y 196,669 Consejos registrados, llegando a una cobertura del 81.35% (SEP, 2013). Sin embargo, el documento de la Secretaría Técnica (SEP, 2012), al analizar el Registro Público de los Consejos Escolares (REPUCE), manifiesta algunas carencias en el funcionamiento de los mismos durante el ciclo escolar 2011-2012. El documento hace un análisis de su ciclo funcional, el cual consta de cuatro etapas: 1) conformación, su constitución llevada a cabo en tiempo y forma; 2) gestión, realizar tres asambleas y cuatro sesiones de consejo; vincular los Consejos Municipales y Estatales; 3) evaluación de resultados, y 4) transparencia y rendición de cuentas a la comunidad. El documento menciona que la conformación se realizó de manera exitosa, alcanzando el 79% en la cobertura de los consejos a nivel nacional; sin embargo, en las otras tres etapas, el funcionamiento de los Consejos presentó serias deficiencias (SEP, 2012). El informe del ciclo escolar 2012-2013 no presentó mejoras significativas, la conformación ascendió al 81.35%, en las demás fases permaneció igual (SEP, 2013).

El propósito de este artículo es dar a conocer los resultados de un estudio en el que se reconstruye la manera en que se involucra la comunidad escolar, la directora, los docentes, los padres de familia y otros actores, en el CEPS. El estudio muestra la labor que la comunidad educativa realiza en las cuatro etapas del ciclo funcional del Consejo y evidencia cómo prevalecen en los participantes las actitudes tradicionales en su forma de relacionarse con la escuela, a pesar de la innovadora figura de los Consejos Escolares.

II. Contexto y perspectiva de investigación

El estudio tuvo como propósito documentar la manera en que se involucran docentes, directivos y padres de familia en el CEPS, las preguntas que lo orientaron fueron: ¿Cómo participan docentes, directivos y padres de familia en la constitución del Consejo Escolar?1 y ¿qué acciones realizan docentes y directivos para cumplir las disposiciones de la Secretaría de Educación Pública?

La primaria pública en que se realizó la investigación es de organización completa, situada en la ciudad de Torreón, Coahuila, México. En la escuela hay un director, un subdirector liberado, doce maestros, tres maestras de apoyo (inglés, educación artística y educación física) y dos intendentes. La escuela se encuentra ubicada en un sector comercial en el que hay pocas casas-habitación, por lo cual la mayoría de los alumnos procede de fraccionamientos y ejidos circunvecinos. Según las versiones de los profesores, la población escolar se conserva porque “en esta escuela primero estuvieron los papás, luego los hijos y ahora los nietos. Fueron cambiando de residencia, ahora vienen de colonias más lejanas” (ENT/200911). Por tradición, los padres de familia inscriben a sus hijos en esa escuela y, por esa razón el personal no ha tenido problemas para conservar la matrícula de alumnos.

El estudio se realizó desde la perspectiva cualitativa con orientación etnográfica (Bertely, 2000). Inició en 2011 y concluyó en el ciclo escolar 2012-2013. El recurso analítico fue la descripción, documentando con evidencias la implicación de los agentes educativos en el funcionamiento del Consejo Escolar, como la observación participante, entrevistas, encuestas y documentos del archivo escolar. Estas evidencias se identifican con abreviaturas, seguidas del día, mes y año. En el caso de los Registros de Observación, la abreviatura utilizada es RO/280911, donde 28 es el día, 09 el mes y 11 el año en que se realizó; las Entrevistas emplean la abreviatura ENT; las Encuestas, ENC; y los Documentos del Archivo Escolar, DOCAE.

El estudio de caso (Rockwell, 2009) consideró la participación social en esa escuela como la particularidad de la generalidad social, esto es, la forma en que se concreta localmente como parte de un impulso global promovido por la SEP. El análisis de la información recabada mediante esos recursos de investigación se realizó a través de matrices descriptivas Coffey y Atkinson (2003). Al mismo tiempo se reconstruyen las acciones significativas de los participantes para mostrar cómo se involucran en las fases del Consejo Escolar. Exponemos las manifestaciones de lo anterior en cinco escenas en la vida cotidiana de la escuela: la manera en que se formaliza la constitución del CEPS, la relación entre éste y la Asociación de Padres de Familia, las campañas para desalentar prácticas que generan violencia, la observancia del reglamento escolar, y las contradicciones entre la tiendita escolar y las acciones emprendidas por la misma escuela para ayudar a los alumnos a tener una alimentación sana.

2.1 Antecedentes

Los antecedentes formales de la Participación Social en las escuelas de México se sustentan en el Acuerdo Nacional para la Modernización de la Educación Básica (SEP, 1992);2 Ley General de la Educación;3 Acuerdo 260, que establece los lineamientos para la constitución del Consejo Nacional de Participación Social (DOF, 17/08/1999); Acuerdo 280, que especifica los lineamientos para los Consejos Escolares de Participación Social a nivel estatal, municipal y escolar (DOF, 17/08/1999); y el Acuerdo 535, complementario del 280, que formula los Lineamientos Generales para la Operación de los Consejos Escolares.4 Además, en los distintos Programas Sectoriales (1995-2000, 2001-2006, 2007-2012 y 2013-2018) se ha concedido a la participación social en la educación diversas funciones: medio para elevar la calidad de la educación, para mejorar la gestión de los planteles. asegurar la equidad, igualdad y pertinencia de la educación, estrategia para lograr la democratización de las escuelas promoviendo la participación corresponsable de la comunidad educativa y, por último, para lograr la autonomía de los planteles, la seguridad, la trasparencia y la rendición de cuentas.

A través de esas disposiciones, el Estado se ha propuesto promover la capacidad organizativa de maestros, padres de familia y exalumnos, así como el sentido de corresponsabilidad. Para ello ha emprendido acciones como la creación del Consejo Escolar a nivel local, municipal, estatal y nacional. El objetivo es que la participación de la comunidad en los asuntos escolares genere un diálogo constructivo y corresponsable que favorezca la organización de los planteles para que su labor sea más pertinente, generando mayores niveles de información del quehacer educativo e impulsando el interés familiar y comunitario en el desempeño escolar. Todo esto se traducirá en una contraloría social –no coercitiva, sino persuasiva y propositiva– de la educación (SEP, 2012).

Los Consejos Escolares, como órganos colegiados e innovadores en los procesos de gestión (DOF 8/6/2010), han generado expectativas en los padres de familia porque pueden opinar sobre la educación que reciben sus hijos y sobre la forma en que se organizan las escuelas. Todo esto sin interferir en asuntos de carácter pedagógico o laboral.

No obstante, la participación de los padres de familia en las escuelas tiene profundas raíces históricas. Estas datan de la época en que se institucionalizó el sistema Educativo en México, durante los siglos XVIII y XIX; posteriormente, en el siglo XX, se crearon algunas organizaciones que le dieron una presencia más institucional como la Unión Nacional de Padres de Familia, relacionada con las escuelas particulares y la Iglesia Católica, y la Asociación Nacional de Padres de Familia, creada por el Estado para hacer frente a la primera y regular de forma más estable sus intervenciones (García, 2002).

En este sentido, los padres de familia siempre se han involucrado en la vida de las escuelas, siguiendo determinados lineamientos y mediante diversos dispositivos,5 de acuerdo con sus intereses, necesidades, expectativas y cosmovisiones de lo que debe ser el proceso educativo. Las más de las veces inducidos, seducidos u obligados por las políticas que el Estado implementa. La política educativa como cursos de acción implícitos o explícitos, tendientes a cumplir con las metas previstas en los planes de gobierno (Flores, 2011).

Para algunos especialistas, el término “participación social” es polisémico, su significado depende del contexto en que se utilice: electoral, político, cívico o social. Por ello es necesaria una discusión sobre el contenido del término en el contexto de la educación (Zurita, 2008). La participación social en la educación puede entenderse de cuatro formas: 1) como condición para la vida en la sociedades democráticas; 2) como valor en sí misma para la vida democrática de las instituciones; 3) como valor que contribuye a la formación del ciudadano; y 4) la participación social, como actitud del ciudadano ante los procesos de convivencia democráticos (Latapí, 2005).

Para la Secretaría Técnica del Consejo Nacional de Participación Social (Ganem, 2010), la participación es un derecho y un proceso, el cual implica un aprendizaje colectivo sobre cómo pueden relacionarse entre sí los diversos actores sociales; está ligada a la promoción de la legalidad, a impulsar una vida democrática en la que haya justicia, equidad, trasparencia y rendición de cuentas. En esta definición es posible identificar las dos orientaciones que adquiere la participación social, señaladas por Canales (2006, p. 69), “una que tiende a reivindicarla y colocarla del lado de la gestión pública eficaz y otra que la asume como componente indispensable para la nueva relación entre gobernantes y gobernados en los asuntos de interés público y bienestar social”.

En esta última, un denominador común sobre el papel de los padres de familia es que participan de forma limitada en los asuntos escolares, que siguen quedando bajo la tutela de los directores y profesores. Si bien la reforma al artículo 3o. de la Constitución Mexicana propone fortalecer la autonomía de gestión de las escuelas, esta autonomía se entiende como dar más espacio al liderazgo del director, no a los padres de familia (DOF 7/02/2013).

No obstante, los fines y orientaciones contenidos en los documentos oficiales sobre los Consejos Escolares adquieren un matiz particular en la comunidad escolar estudiada. A continuación presentamos, a través de la reconstrucción narrativa, la manera en que estas orientaciones son recontextualizadas en la acción significativa de los participantes.

III. Formalización del Consejo

Durante el mes agosto, conforme lo establece el Acuerdo 535, la SEP en Coahuila hace llegar a los directivos los documentos en los que se pide la constitución de los CEPS y el acta correspondiente. Esta indicación se hizo llegar a través de la estructura educativa a través de la Dirección de Educación Federal o Estatal, los jefes de sector, los supervisores y los directores de escuelas. El acta incluía los puestos unipersonales: presidente, secretario técnico, secretario administrativo y seis consejeros,6 en total nueve personas.

La labor del personal directivo y docente de la escuela consistió en colocar los carteles en pasillos y lugares visibles, a fin de que la comunidad tuviera conocimiento de la convocatoria. De esa forma se invitó a los padres y madres de familia a formar parte del Consejo Escolar.

En el ciclo escolar 2011-2012 hubo una escasa disposición de los 200 padres de familia de la escuela para formar parte tanto del Consejo Escolar como de la Asociación de Padres de Familia. El problema consiste en que involucrarse en los órganos de representación escolar exige tiempo, ante esto, la directora de la escuela comentó que “siempre es lo mismo. Hay dificultad para conformar la mesa directiva porque nadie quiere participar” (RO/090611).

En el mes de septiembre se realizó una asamblea para conformar el Consejo Escolar y la directora asistió acompañada por los representantes de la Asociación de Padres de Familia, cuya mesa directiva ya había sido elegida.7 Durante la asamblea, los integrantes de la Asociación de Padres de Familia apoyaron sus propuestas, además de elegirla Presidenta del Consejo Escolar.8 Una vez formado y constituido el Consejo Escolar, la directora de la escuela, como consejero presidente, les informó que tendrían reuniones periódicas y los invitó a presentar sugerencias para solucionar los problemas que se pudieran presentar en la escuela. También los animó a invitar a otros padres de familia a participar en alguno de los Comités Temáticos: “Hagan labor de convencimiento con los padres de familia que no vinieron a la reunión, podemos integrarlos en los Comités”, les dijo. (RO/230911).

La directora trató de inspirar confianza a los miembros del Consejo, para que dijeran sin temor en qué no estaban de acuerdo, o para que propusieran actividades que pudieran ayudar a mejorar el funcionamiento de la escuela, con la siguiente frase: “¡Acuérdense de que ustedes son los que proponen y organizan! ¡Ustedes deciden los acuerdos que se tomen! Nosotros veremos en qué podemos ayudarles” (RO/230911).

Una vez elegido el Consejo Escolar de Participación Social y formalizada su existencia con la firma del acta constitutiva, podría decirse que la escuela había cumplido con las disposiciones de la autoridad.9 De ese modo da inicio, en tiempo y forma, el ciclo funcional del Consejo.

3.1 La relación entre la Asociación de Padres de Familia y el Consejo Escolar

En la reunión en que se formó el Consejo Escolar, la directora entregó a los representantes de la Asociación de Padres de Familia los folletos con los Lineamientos Generales para la operación de los Consejos Escolares y les habló de una sesión que se tendría en la primera semana del mes de octubre. En esa sesión iban a formar los Comités Temáticos, elaborar el Plan de Trabajo Anual y programar actividades diversas. No obstante, los lineamientos del Acuerdo 535 señalan en el Artículo 6o. que esa tarea corresponde al Consejo Escolar y no a la Asociación de Padres de Familia. El Consejo Escolar es quien debe convocar a esa reunión a los directivos de la escuela, al representante sindical de los profesores y a los representantes de la Asociación de Padres de Familia. En esa reunión, en teoría, se deben dar a conocer: 1) las gestiones realizadas o por realizar para incorporar a la escuela a los programas federales, estatales o municipales; 2) el monto de los recursos recibidos y la fuente de los mismos y 3) solicitar a la Asociación de Padres de Familia que informe a la comunidad educativa el monto y uso de los recursos recabados. Así mismo, en esa sesión se eligen los Comités Temáticos para incorporar la escuela a los distintos programas que promueve la SEP: lectura, mejoramiento de infraestructura, impulso a la actividad física, entre otros (DOF 8/6/2010). Es decir, según las disposiciones normativas de la Secretaría de Educación Pública, corresponde al Consejo convocar a la comunidad escolar para dar cumplimiento a la fase de Gestión. Sin embargo, por la tradición existente en esa escuela, quien ejerce la facultad de convocar a la comunidad es la directora y la Asociación de Padres de Familia, no el Consejo Escolar.

Una vez conformado el Consejo, de acuerdo con lo establecido por los lineamientos normativos, fueron convocados sus integrantes a una sesión durante el mes de octubre en la fase de Gestión. A la sesión de Consejo asistieron diez padres de familia, de los cuales cinco están registrados, tanto en el acta constitutiva de la Asociación de Padres de Familia como del Consejo (DOCAE, 2012-2013).

La duplicidad de cargos de algunos padres de familia que formar parte del Consejo Escolar y de la Asociación de Padres resulta comprensible, puesto que es difícil convencer a los padres de familia para que participen en esos órganos escolares. Los argumentos de los padres de familia son sus actividades laborales10 y no disponer de tiempo. En este sentido, para la directora, resulta más sencillo que algunas personas ocupen dos cargos, uno en cada órgano escolar, puesto que el Consejo, como ya mencionamos antes, requiere 9 personas y la Asociación de Padres de Familia, 10; en total, la escuela necesita 19 agentes escolares. Hay que tomar en cuenta que el Consejo Escolar, según el Acuerdo 535, debe celebrar como mínimo tres asambleas y cuatro sesiones por ciclo escolar, mientras que la Asociación de Padres de Familia, según el Artículo 45 del Reglamento de las Asociaciones de Padres de Familia (DOF, 04/02/1981), debe reunirse al menos dos veces por ciclo escolar y tener reuniones extraordinarias según sea necesario. A esto hay que añadir el tiempo que los miembros de estos dos órganos deben dedicar a las actividades que decidan organizar. Ante la limitación de tiempo de los padres de familia o simplemente ante su falta de disponibilidad para involucrarse en las actividades de la escuela, la solución más práctica fue hacer que cinco padres de familia estuvieran en ambos órganos (RO/081012).

Una particularidad que se presenta en esta escuela es que la figura de la Asociación de Padres de Familia, que es más antigua, se sobrepone a la figura innovadora del Consejo Escolar, lo que conduce a una interpretación divergente a lo establecido en el Acuerdo 535 de los Lineamientos Generales, que establecen que se invitará a la comunidad educativa para que en asamblea elija a los miembros del Consejo; además, el artículo 4o. establece que el presidente de la Asociación de Padres de Familia, o quien la dirija, será invitado a integrarse como miembro del Consejo. Sin embargo, como la directora fue elegida Presidenta del Consejo, prácticamente es irrelevante la presencia del presidente de la Asociación de Padres en el Consejo.

En la reunión de octubre, la directora dio a conocer a los integrantes del Consejo Escolar el Plan Anual de Trabajo elaborado por la Asociación de Padres de Familia. Como era de esperar, los miembros del Consejo que también formaban parte de la Asociación de Padres de Familia lo apoyaron. Las acciones de éste se concretaron en ocho comités temáticos, algunos similares a los propuestos en el Acuerdo 535: “Desaliento de prácticas que generen violencia”; “Mejoramiento de la infraestructura”, que incluía construir la oficina de la dirección, el salón de cómputo y adaptar las canchas deportivas; “Lectura”, esto es, mejorar el funcionamiento de la biblioteca escolar implementando un sistema de credenciales; “Activación física”; “Actividades artísticas y culturales”; “Seguridad”, que incluía organizar simulacros contra incendios u otros imprevistos. Hubo un Comité Temático dedicado a la educación vial, el cual no se encuentra contemplado de forma explícita en el Acuerdo 535.

Con la conformación de los Comités Temáticos la escuela dio cumplimiento a la primera etapa del ciclo funcional del Consejo Escolar con el Plan Anual de Trabajo elaborado por la Asociación de Padres de Familia, sin embargo, en esa reunión no se abordó la manera en que los Comités se relacionarían con los programas locales, municipales, estatales y nacionales. Por otra parte, los miembros del Consejo no pidieron a la Asociación de Padres de Familia que informara sobre los recursos recabados por concepto de cuotas escolares y otras actividades. La participación de los miembros del Consejo se limitó a aprobar el Plan de Trabajo preparado por la mesa directiva de la Asociación de Padres de Familia. Sin embargo, aprovecharon ese espacio para manifestar a la dirección de la escuela otras necesidades y exigencias.

En la práctica, el Proyecto propuesto por la Asociación de Padres en ocho Comités Temáticos se concretó parcialmente con algunas acciones. Esto se debió a que había diversos puntos de vista entre la directora, los docentes y los padres de familia.

Las otras tres sesiones del Consejo así como las tres asambleas estipuladas por el Acuerdo 535 no se tuvieron. Por lo mismo, tampoco se cumplieron las otras tres etapas del ciclo funcional del Consejo, esto es, la gestión, la evaluación y la rendición de cuentas, debido a que la Asociación de Padres de Familia, tradicionalmente, siempre ha abarcado este tipo de actividades.

3.2 Desaliento de prácticas que generan violencia

En la reunión de octubre, en la que se formaron los ocho Comités para planear acciones que beneficiaran a la escuela, se planteó como una dificultad importante la indisciplina, la violencia y las agresiones entre los alumnos. El tema era relevante porque provocaba constantes llamadas de atención por parte de los maestros y quejas en los padres de familia.

Para los profesores la indisciplina y las agresiones son consecuencia de la falta de atención de los padres de familia en los hogares. Para ellos los padres dejan solos a los niños mucho tiempo. Los niños se dedican a ver programas de televisión o juegos de video que generan actitudes de agresión y violencia (ENT/200911). La versión de los profesores no coincide con la que tienen los padres de familia. Para los padres de familia la violencia que hay en la escuela es responsabilidad de los profesores (RO/081012).

En la reunión, los padres de familia reconocieron que las estrategias que los docentes implementan en la escuela para hacer frente a las prácticas que generan violencia son buenas; sin embargo, propusieron que los alumnos recibieran pláticas por parte de especialistas, para que los orientaran en su comportamiento y actitudes agresivas (RO/081012).

Sin embargo, la visión de la directora para desalentar las prácticas agresivas y violentas fue diferente. Para ella se podía afrontar el problema promoviendo entre los alumnos la lectura de libros que hablaran sobre el tema: “[los alumnos] se pueden poner a leer algunos títulos de la biblioteca”, señaló (RO/081012).

En la práctica, las acciones tomadas por la dirección fueron meramente administrativas, ya que sólo envió citatorios a los padres de familia para hablar con ellos sobre la disciplina de sus hijos, los expulsó por algunos días o les prohibió asistir a algunos eventos especiales. Todo esto provocó conflictos con los padres de familia, pues no todos estuvieron de acuerdo con esas medidas, mientras que el Comité formado para desalentar las prácticas que generan violencia y que formaba parte del Proyecto de Trabajo que la Asociación de Padres de Familia presentó al Consejo, no dio una solución a la problemática. Al final, las decisiones fueron tomadas por la directora como responsable de la institución.

3.3 El reglamento escolar

Otra de las temáticas planteadas en la sesión de octubre fue tanto la impuntualidad de los alumnos a la hora de entrada, como la de los padres de familia a la hora de la salida para recoger a sus hijos. Este punto es causa de tensiones entre directivos y maestros. La directora, con la intención de que se respetara el reglamento interno, acostumbraba cerrar la puerta después de la hora de entrada, pero ante el malestar de algunos padres de familia, la medida no resultó efectiva, pues aunque los alumnos llegaban tarde se les debía permitir la entrada.

Los padres de familia, tanto los de la mesa directiva de la Asociación de Padres de Familia como los del Consejo Escolar, justificaron la forma de actuar de la directora porque –afirmaron– existe un reglamento que se debe conocer y cumplir, y se deben tomar algunas medidas para tener un mejor control en la puntualidad de los alumnos. La señora Lupita, añorando el pasado, dijo: “En mis tiempos no nos dejaban entrar o nos dejaban parados para que todos vieran en la escuela que habíamos llegado tarde” (RO/081012). Este y otros comentarios fueron hechos en la reunión. Sin embargo, no todos compartieron el punto de vista de los representantes de la Asociación de Padres de Familia y del Consejo Escolar, ya que no permitir el ingreso a la escuela a los alumnos impuntuales y dejarlos sin la vigilancia de los docentes, después de la hora de salida, han sido causa de quejas y conflictos para la directora, quien comentó: “Luego los papás se enojan. Ya somos clientes de EDUCATEL.11 Ya mejor lo que hago es que yo llamo y les digo la situación de los niños que se quedan hasta tarde” (RO/081012).

En la práctica, lo que se hizo fue dar a conocer el reglamento a los padres de familia o tutores sin constituir un comité ex profeso. Los padres de familia o tutores tenían que firmarlo y de esa forma –se pensaba– se comprometerían a cumplirlo. Sin embargo, cuando se presentaron los conflictos, los padres de familia y los tutores, en vez de apegarse al reglamento que habían firmado, presentaron quejas ante instancias externas.

3.4 La tiendita escolar y la alimentación saludable

En la vida cotidiana de la escuela existen actividades que realizan docentes, alumnos y padres de familia para reunir fondos que permitan mejorar las instalaciones de la escuela, comprar material didáctico o solucionar diversas problemáticas. Sin embargo, no existe un Comité que las regule; todo se maneja por medio de acuerdos verbales dentro de la comunidad, una de estas es la tiendita escolar. La tiendita está a cargo de diferentes maestros que se organizan para poner afuera de su aula mesas con diferentes productos: gorditas, naranjada, frituras, dulces, etc. La directora lo ve así: “A los maestros se les apoya para que se ayuden con la venta de la tiendita. Los maestros ponen su mesa y venden sus productos y reportan una parte de sus ganancias aquí a la dirección” (ENT/ 280911).

Los productos que los docentes venden en la tiendita podrían llamar la atención a un visitante externo. Muchos son productos que contradicen las campañas promovidas por la directora, por la SEP y por miembros de la Facultad de Medicina que acuden a la escuela para identificar a los alumnos con problemas de sobrepeso u obesidad (RO/270911).

Cuando los miembros de la Asociación de Padres de Familia observaron los productos que los niños consumían en la tiendita escolar, les pareció necesario organizarse y ofrecer un menú que incluyera alimentos saludables. De esa forma se evitaría el consumo de alimentos nocivos. La propuesta fue apoyada por la directora, quien dijo que: “Se debe cooperar para promover la salud con el consumo de alimentos saludables. Los padres tienen una propuesta muy buena, que consiste en un menú diario por una cantidad de 10 pesos” (RO/081012).

Si los padres de familia, a través de su Asociación, intervienen compitiendo con la tiendita escolar en la comercialización de productos saludables, es de esperar que las ventas de los profesores se reduzcan y que los ingresos de los mismos y de la institución para solventar diversos gastos de la escuela se vean mermados. Sin embargo, esto no parece ser importante, pues la directora apoyó la propuesta de la Asociación de Padres de Familia permitiéndoles ingresar a los salones en horario de clase, sin que los profesores dijeran nada.

Aun cuando la problemática del sobrepeso no es generalizada en la población escolar, los padres de familia mostraron un interés práctico por ofrecer alimentos nutritivos que los niños pudieran consumir en la escuela. Esto implica una inversión de tiempo y una participación activa por parte de las personas que se comprometieron a llevar a cabo la iniciativa. Estas personas no pertenecen al Consejo Escolar, sino a la Asociación de Padres de Familia. No se creó el Comité Temático de consumo escolar contemplado por el Acuerdo 535; tampoco existe una regulación escrita sobre el uso de los recursos que se recaban en la tiendita escolar y en los desayunos saludables. Esto quiere decir que hay actividades en la escuela que se contraponen, pero que se llevan a cabo basados en acuerdos tácitos, que tienen su justificación en la tradición escolar. La propuesta innovadora del CEPS, que incluye hacer una planeación estratégica para que toda la comunidad escolar participe en la solución de los problemas que afectan al plantel, en la práctica queda sin efecto: la tradición escolar deja menos espacio del deseado para que aquella se lleve a cabo.

En síntesis, la comunidad escolar cumplió en tiempo y forma con la primera asamblea en la que se eligieron los integrantes del Consejo Escolar y con la primera sesión en la que se conformaron los ocho Comités Temáticos. Así se cumplió parcialmente con la fase de Gestión; las otras dos, constitutivas del ciclo funcional, evaluación y rendición de cuentas, no se concretaron.12 Esto se debe, tal vez, a que no existe una difusión y apoyo permanentes por parte de la SEP. Es necesario informar a la comunidad educativa de las ventajas del Consejo Escolar y de la planeación estratégica para hacer frente a las diversas problemáticas. Lo que la comunidad escolar realiza en la práctica es dar una respuesta parcial a la propuesta innovadora de los Consejos Escolares, según sus tradiciones y experiencia histórica, aceptando la autoridad de la directora y la figura tradicional de la Asociación de Padres de Familia. En este sentido, debemos decir que la comunidad educativa actúa de acuerdo con su propia dinámica, nutrida y asentada en la tradición, la cual es demasiado compleja. En esta tradición se expresan las tensiones que existen entre la directora, los docentes y los padres de familia.

IV. Discusión

Lo documentado en el estudio, desde la perspectiva cualitativo-etnográfica, permitió explorar el entramado de relaciones en las que se expresa la participación social de la comunidad educativa. También fue posible analizar cómo se conformó el CEPS y la forma en que este se concreta, con sus características particulares, en esta escuela.

Un límite del estudio es la imposibilidad de generalizar los resultados. Sin embargo, existen otros estudios que arrojaron resultados similares. Así pues, con las reservas necesarias, presentamos este caso como parte de un patrón también presente en otros lugares cuando se trata de impulsar la participación social en las escuelas.

El hecho de que la Asociación de Padres de Familia y el Consejo Escolar se constituyeron con los mismos miembros, no en su totalidad, pero sí casi en un 50 por ciento, nos permite observar cómo la innovadora figura del Consejo se sitúa entre la tradición y la innovación. Así, la participación social constituye al mismo tiempo y de forma paradójica, una ruptura y una continuidad. Es una continuidad, retomando lo documentado por García (2002), en el sentido de que los padres de familia han participado en la vida escolar prácticamente desde la institucionalización del sistema educativo; y es una ruptura si consideramos que, como parte del proceso de modernización educativa iniciado en 1992, la constitución de los Consejos Escolares involucra en la vida de la escuela a otros agentes sociales que antes no participaban, como por ejemplo el representante sindical, los docentes, los representantes de los padres de familia o tutores, exalumnos y otros miembros de la comunidad.

En la escuela en que se realizó el estudio, la sobreposición de la Asociación de Padres de Familia respecto al Consejo Escolar se comprende por las disposiciones y posiciones culturales de los agentes sociales enraizados en la tradición (Perales, 2014), frente a la innovadora forma de participar a través del Consejo. La manera en que participa la comunidad escolar en los Consejos Escolares y en la Asociación de Padres de Familia reflejada en este estudio coincide con lo documentado por Delgado (2008) y Martínez et al. (2007) respecto a que los Consejos Escolares existen administrativamente y las Asociaciones de Padres de Familia y otros órganos de representación escolar son los que definen las acciones en las escuelas.

Asimismo, la investigación realizada por Jiménez (2013) en cinco escuelas de educación básica, identificó que la participación social a través del Consejo Escolar se realizaba de manera burocrática, en una las reglas de intervención eran definidas por la directora y la Asociación de Padres de Familia, también miembros del Consejo Escolar.

Si bien la escuela, como espacio público, está abierta para que participen los padres de familia y otros agentes sociales, es necesario reconsiderar las instancias que promueven la participación social, encarnándolas en la vida cotidiana de éstas, en las posiciones y disposiciones culturales de los agentes sociales. En este sentido, la Asociación de Padres de Familia posee ya un lugar bien definido en la vida de las escuelas, una propuesta sería redimensionar sus funciones, actualizando sus atribuciones y ampliando la representatividad en la misma. Con esas medidas se buscaría mejorar el servicio educativo, dotándolo de mayor equidad, autonomía, trasparencia y rendición de cuentas, como reflejo de la nueva relación entre gobernantes y gobernados.

En definitiva, se trata de ver la participación social no sólo como parte de una gestión pública eficiente (para administrar estratégicamente el cambio en las escuelas o producir calidad como producto), sino como un proceso que ayude a formar un nuevo tipo de ciudadano, un ciudadano más apto para vivir en democracia y, por lo mismo, para vivir en una sociedad más justa y que ofrezca a todos mejores condiciones de vida.

Referencias

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1 Por economía de lenguaje, en algunas ocasiones nos referiremos al Consejo Escolar de Participación Social con la expresión “Consejo Escolar” o “Consejo”.
2 El Acuerdo establece cuatro políticas de Estado: reorganización del sistema educativo; reforma curricular de los planes, programas, contenidos y materiales educativos; revalorización de la función docente y participación social a través de figuras colegiadas (Latapí, 2004).
3 El Artículo 69 establece que en cada escuela pública de educación básica existirá un Consejo Escolar de Participación Social integrado por padres de familia y sus asociaciones, docentes y representantes sindicales, directivos, ex alumnos y miembros de la comunidad (DOF, 1993/10-06-2013).
4 Entre las acciones más representativas, tendientes a elevar la calidad de la educación, se encuentran tomar nota de los resultados de las evaluaciones de los alumnos, conocer las metas educativas, formar comités (lectura, consumo escolar, etc.) y redactar el calendario para la planeación, ejecución y evaluación de las actividades propuestas en las escuelas. (dof, 8/6/2010).
5 Confederación Nacional de Agrupaciones de Padres y Maestros (1929); Reglamento para la constitución y funcionamiento de las Asociaciones de Padres de Familia en las escuelas dependientes de la SEP (1949); y, en la historia reciente, el Reglamento de las Asociaciones de Padres de Familia (DOF, 04/02/1981).
6 El artículo 20 del Acuerdo 280 (DOF, 8/06/2010) indica que el Consejo se integra por un consejero presidente y hasta por 15 consejeros, nombrando entre estos al secretario técnico. El documento de la SEP Coahuila incluye la figura de Secretario Administrativo y sólo seis consejeros.
7 El acta constitutiva de la Asociación de Padres de Familia del ciclo escolar 2012-2013 quedó integrada con un presidente, un vicepresidente, un secretario, un tesorero y seis vocales, de conformidad con lo dispuesto en el apartado I del Artículo 29 del Reglamento de la Asociación de Padres de Familia; en total, diez personas (DOF, 2/04/1980).
8 El Consejo Escolar quedó integrado por la directora del plantel, una profesora, el representante sindical, y seis padres de familia (DOCAE).
9 El cumplimiento de las disposiciones de la SEP en el estado de Coahuila se evidencia en la cobertura de 92.2% de los Consejos Escolares constituidos hasta julio de 2012, superando la media nacional de 79.2% (SEP, 2012, p. 53).
10 Según una encuesta, durante el ciclo escolar 2011-2012, el 26% de los padres de familia trabajaba como profesionistas; el 15%, como obreros; el 13%, como técnicos; el 13% hacía trabajo de oficina; el 10%, labores comerciales y el 10% fungía como servidor público.
11 EDUCATEL es el sistema de la SEP Coahuila para atender vía telefónica problemas escolares.
12 Cabe añadir que el Estado de Coahuila sólo reportó al Registro Público de Consejos Escolares (REPUCE) la primera asamblea y la primera sesión; del resto no hay datos (SEP, 2013).