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Revista Electrónica de Investigación Educativa

Vol. 21, 2019/05

La desigualdad en la educación superior del sureste mexicano

Fabio Alexis de Ganges López (*) viajealasemilla@hotmail.com

(*) Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas

Cómo citar: De Ganges, F. A. (2019). La desigualdad en la educación superior del sureste mexicano. Revista Electrónica de Investigación Educativa, 21, 05, 1-4. Recuperado de http://redie.uabc.mx/redie/article/view/3464

Obra reseñada:

Bermúdez, F. M. y Ramírez. D. C. (2019). Los rostros de la desigualdad educativa. Sexismo, racismo y discriminación en la educación superior. México: Unicach-Juan Pablo Editores.

Todos somos iguales, pero unos somos más iguales que otros.
G. Orwell

¿Qué es una desigualdad? ¿Por qué las sociedades parecen destinadas a provocar e incluso promover una constante desigualdad entre sus miembros, en casi todos los niveles y con una serie de parámetros establecidos? ¿Cómo se refleja esto en el sistema educativo? ¿Es posible cambiar esta situación? Son algunas de las preguntas que intenta responder Los rostros de la desigualdad. Sexismo, racismo y discriminación en la educación superior. En el libro, las autoras hacen un análisis sobre cómo las desigualdades en los niveles económico, social, etc., se entrelazan y conjugan para incidir en el aprovechamiento escolar en ámbitos variados.

Aunque el texto no se divide en capítulos, se identifican cinco partes claramente diferenciadas. El estudio comienza con una introducción en la que se exponen los estudios realizados sobre la desigualdad en el ámbito educativo, tema que ha sido estudiado ampliamente enfocándose en la brecha entre el nivel de ingreso y el logro educativo.

Lo cierto es que la gran mayoría de los estudios hasta ahora realizados centran su atención en los contextos educativos del nivel básico y las comparaciones identifican las diferencias entre los ámbitos rurales y urbanos. Desde una mirada emergente se configura un cuerpo de estudios que analizan las brechas educativas en el nivel superior, formulando comparaciones de la experiencia educativa universitaria entre grupos sociales diferenciados (Saraví, 2015), algunos más abordan las desigualdades de incorporación al empleo entre universitarios de distintos estratos sociales (De Oliveira, 2006; Mora, 2004; De Oliveira y Mora, 2012). (p. 12).

En el primer apartado, “La desigualdad social. Vigencia y nuevas articulaciones desde una mirada interseccional”, se explica cómo las Ciencias Sociales han tratado la idea de desigualdad. Primero se define la “interseccionalidad”, una manera de estudiar la desigualdad desde diferentes ángulos o “sistemas de opresión entrecruzados”, pues cada “régimen de producción económica y política genera formas específicas de opresión” (p. 37). Se analiza a varios autores y se clasifican en tres corrientes principales: la primera ve la desigualdad como “natural” e inevitable para que la sociedad se desarrolle. Los individuos están dotados de diferentes inteligencias y habilidades y el Estado debe crear un marco para que éstas se desarrollen; la segunda perspectiva se enmarca en el “mercado dual” y sugiere que la desigualdad surge de la “segmentación de los mercados”; y la tercera se apoya en la teoría marxista y ve en la propiedad privada la base de la desigualdad. Las desigualdades serían una “producción sociohistórica”.

Por otra parte, para estudiar las desigualdades, Reygadas (2004) propone tres enfoques teóricos: teorías individualistas, teorías interaccionistas y teorías holísticas. En cada uno de estos enfoques hay diversos teóricos; por ejemplo, Bourdieu y Passeron acuñaron el concepto de “capital cultural” para sugerir que, a través de esquemas de percepción y pensamiento, la desigualdad se transmite de generación en generación. Otro interesante concepto es el de “oportunidades vitales”, de Dahrendorf, para quien las desigualdades resultan de una serie de factores sociales de tipo estructural. El sujeto o “actor social”, se sitúa en un medio que le “brinda oportunidades”.

Pero quizá la propuesta más interesante es la de Tilly (2000), quien creó el modelo de análisis “desigualdad categorial”. La cultura, sugirió el autor, separa a las personas de un lado u otro de un espectro biológico o social y da a los actores cualidades diversas a uno y otro lado de ese espectro. Por ello llama “persistente” a dicha desigualdad, dado que se propaga a través de estructuras duraderas.

Tras un resumen general de las diversas propuestas, las autoras sugieren que:

Los enfoques hasta aquí reseñados revelan las tensiones entre las propuestas que ubican a la desigualdad como un problema estructural, asociado al acceso de capital y a la existencia de estructuras que la reproducen, se observa también otro corpus de enfoques interesados en visualizar la capacidad de agencia de ciertos sujetos y colectivos para superarla, así como la existencia de fronteras porosas en las tramas que articulan las desigualdades estructurales (p. 26).

La segunda sección, “La despolitización de las desigualdades. Racismo y sexismo en la educación superior”, se refiere a la política “eugenésica” que comenzó con las ideas de José Vasconcelos en la década de los sesenta, y que proponen hacer una especie de “limpia racial”.

La lógica que impulsó la eugenesia en la primera y segunda mitad del siglo XX fue la consolidación de un discurso de superioridad de lo mestizo sobre cualquier otra raza. La llamada raza cósmica (Vasconcelos, 1966) tenía de telón de fondo la creencia de que la unión de los mejores genes y características de distintas razas llevarían al mejoramiento de la población. Las premisas del mestizaje fueron avasalladoras, la ingeniería racial trazó un camino que conducía al blanqueamiento (Navarrete, 2016). (p. 49).

Esta mención a Vasconcelos y su proyecto de nación es, quizá, uno de los puntos medulares del libro y se retomará, de manera indirecta, en el apartado de conclusiones.

El segundo apartado también hace referencia al sexismo y cómo hay una gran similitud respecto a lo que ocurre en todas las sociedades:

En todas las sociedades occidentales y tradicionales prevalece la división de los valores y el mundo a partir del sexo. Existe una gran similitud en los estereotipos de género en diversos contextos culturales, en una amplia investigación desarrollada por Marta Lamas (1986) sobre los estudios de género en antropología se documenta con toda claridad que los papeles sexuales asignados sobre una supuesta división del trabajo basada en diferencias biológicas han sido descritos sobre variables estables o universales, mismas que han sido comparadas transculturalmente. (p. 63).

A lo largo del libro se ve cómo el género es un punto clave en las desigualdades, tal y como se intuye, directa o indirectamente, de las respuestas a las entrevistas.

En el tercer apartado, “Experiencias de discriminación étnico-racial y sexismo en una universidad pública del sureste mexicano”, se explica la estrategia metodológica utilizada para el trabajo de campo:

La información que se presenta en este capítulo fue obtenida a través del uso de técnicas cualitativas como la entrevista y grupos focales que fueron realizados con profesoras y profesores, así como con estudiantes de las sedes. Se realizaron siete entrevistas a docentes y ocho a estudiantes. También se realizaron seis grupos focales en las sedes. Por otro lado, se sostuvieron entrevistas informales con personas originarias de la comunidad de Nueva Palestina y se realizaron observaciones directas en la ciudad de Palenque, para dar cuenta de los contextos en los que se insertan ambas instituciones educativas. (p. 69). [Las cursivas son mías]

La primera sede, Nueva Palestina, forma parte de Ocosingo, el municipio más grande de Chiapas; en cuanto a Palenque, se trata de una región intermedia localizada en la región VI, Selva del estado y fundada en 1567. El análisis de la desigualdad en Nueva Palestina comienza contextualizando el sitio en el cual se llevó a cabo el estudio:

Ésta, al igual que otras localidades y municipios que se encuentran en esta región del estado, tiene su origen en la paulatina colonización de la Selva Lacandona por grupos de colonos sin tierra que se establecieron para subsistir en esta zona agreste del estado. Estos grupos provenían de diferentes partes del estado, pero también de diversas zonas del país, lo que le imprime su carácter heterogéneo no sólo respecto a sus pobladores, sino a los intereses que se crearon en la zona como “escenario de colonización, con sus dos vertientes de explotación de recursos y ocupación de espacios (De Vos, 1995, p. 360).

En otro apartado se describen las dificultades que tienen los estudiantes para concluir sus estudios:

Uno de los puntos críticos relacionados con las necesidades educativas del estudiantado de esta subsede tiene que ver con la titulación. Una vez que los y las estudiantes han terminado los créditos universitarios suelen regresar a sus localidades de origen, lo que resulta problemático para los estudiantes y para los/as profesores/as que deben implementar tutorías de tesis vía internet, lo que incide en procesos de titulación que no se concretan o que son muy lentos. Estos elementos se encuentran relacionados con los procesos de exclusión tanto de la comunidad como de la subsede, misma que influye en la exclusión de los y las estudiantes (p. 82).

En las entrevistas realizadas por Bermúdez y Ramírez pueden verse los distintos niveles de exclusión y marginalidad, así como dificultades para acudir a clases y concluir los estudios. Tanto los profesores como los alumnos señalan que cada vez menos alumnos se inscriben en las carreras ofertadas en la sede de la Universidad Intercultural de Chiapas (licenciaturas en Enfermería y Lenguas con enfoque turístico, e Ingeniería ecológica):

De acuerdo a los testimonios de los profesores y profesoras, la matrícula ha disminuido con cada ciclo lectivo, lo que ha influido tanto en la periodicidad de apertura de la convocatoria de ingreso, que es anual, así como en el ánimo colectivo, ya que muchos/as estudiantes, sobre todo los que se encuentran en los primeros semestres, desde que inician la carrera al ver que su grupo es muy pequeño comienzan a externar sus deseos de desertar de sus estudios, ya sea para cursarlos en otro lugar, o bien para dedicarse a laborar. (p. 78).

En esta cita se observa uno de los rasgos distintivos de la desigualdad: el hecho de que algunos estudiantes piensen en desertar. Vale la pena subrayar el “ánimo colectivo”, ya no se trata sólo de un hecho individual, sino que toda la comunidad parece estar inmersa en la desigualdad.

La parte dedicada a la sede de Palenque sugiere que, a diferencia de Nueva Palestina, hay mayor inclusión con la comunidad:

La subsede de Palenque, a diferencia de la de Nueva Palestina, tiene fuertes vínculos con el sector servicios, al que se considera como el sector que proveerá la mayor fuente de empleo a sus estudiantes. Las prácticas y el servicio social son dos de las principales actividades que se llevan a cabo como parte de los planes de estudio de estas dos licenciaturas. Participaciones en muestras gastronómicas, ferias, actividades educativas y culturales son algunas de las acciones que contemplan los ámbitos de vinculación y extensión universitarios. (p. 109).

Esta mayor participación, sugieren las autoras, ayuda a que la desigualdad sea menos visible que en la otra sede. No es suficiente, sin embargo, para evitarla por completo, como puede verse en otras entrevistas. Sin embargo, matizando un poco lo expuesto, se cita a Segato (2006):

Al respecto, habría que hacer una precisión conceptual que retomamos del pensamiento de Rita Segato en el sentido de que la discriminación que tiene como objetivo corregir la exclusión y desigualdad históricamente acumuladas como resultado de la discriminación de las élites se llama discriminación positiva, mientras que las acciones institucionales que se apoyan en este tipo de discriminación se denominan acciones afirmativas (p. 13). En este sentido, las acciones afirmativas pueden deberse a una mínima lógica de justicia distributiva que busca superar la exclusión y la desigualdad de amplios sectores de la población (p. 86).

Segato ve la desigualdad no sólo como una absoluta brecha inevitable, sino que también tiene un lado positivo. Es una forma de incentivar a quienes son discriminados para que luchen por sus derechos mediante “acciones afirmativas”.

En la sección de conclusiones, además de exponer las distintas experiencias de discriminación entre las sedes de Nueva Palestina y Palenque, las autoras exponen la necesidad de un estudio más completo sobre las relaciones entre maestros y alumnos:

Por otro lado, la desigualdad en el trato entre profesores/as y estudiantes, así como entre pares, puede verse como una veta de investigación, que debe ser mayormente explorada. Las relaciones que establecen los y las estudiantes se ven mediadas por marcadores de diferencia como el género, la condición socioeconómica, el origen étnico, la edad y la condición de discapacidad (p. 122).

¿Qué se puede comentar sobre los aportes de este libro? En primera instancia, el tema de la desigualdad difícilmente dejará de estar vigente en las Ciencias Sociales. Recordemos también que toda teoría de la desigualdad conlleva una meta-teoría de naturaleza normativa, como sugiere Arzate (2009). En este sentido, no podemos esperar que se llegue a un acuerdo totalizante sobre el porqué de las desigualdades sociales. En todo caso se pueden establecer criterios parciales para que la desigualdad disminuya en sitios concretos, como las sedes en las que se realizó este estudio.

Faltó, quizás, una tabla en la que se resumiera todo lo que se ha dicho hasta ahora sobre la desigualdad, como las ideas de Tilich o de Amartya Sen; el punto de vista interseccional o el marxista. Esto habría facilitado la distinción entre los puntos de vista planteados. A pesar de esto, sin duda el estudio dará pie a nuevas preguntas y otras investigaciones sobre este tema en el sureste mexicano.

Referencias

Arzate, J. (2009). Las desigualdades desde una perspectiva de complejidad. Hacia una epistemología teórico-normativa del conflicto social. Revista de Paz y Conflictos, 2, 42-58.

Reygadas, L. (2004). Las redes de la desigualdad: un enfoque multidimensional. Política y Cultura, 22.

Tilly, Ch. (2000). La desigualdad persistente. Buenos Aires: Manantial.



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