Revista Electrónica de Investigación Educativa


Vol. 12, Núm. 2, 2010

¿Jubilar la ortografía?

Rebeca Barriga Villanueva
rbarriga@colmex.mx

Centro de Estudios Lingüísticos y Literarios
El Colegio de México

Camino al Ajusco No. 20
Col. Pedregal de Sta. Teresa, 10740
D. F., México
 

Obra reseñada:

Backhoff, E., Peón, M., Andrade, E., Rivera, S. y González, M. (2008). La ortografía de los estudiantes de educación básica en México. México: Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación, 159 pp.

Elijo, como marco de entrada a esta reseña, algunas de las palabras que pronunció Gabriel García Márquez en 1994, con motivo del Primer Congreso de la Lengua Española, celebrado en la ciudad de Zacatecas, México: “Jubilemos la ortografía, terror del ser humano desde la cuna; enterremos las haches rupestres, firmemos un tratado de límites en la ge y jota y pongamos más uso de razón en los acentos escritos, que al fin y al cabo nadie ha de leer lagrima donde diga lágrima ni confundirá revólver con revolver ¿y qué de nuestra b de burro y nuestra ve de vaca que los abuelos españoles nos trajeron como si fueran dos y siempre sobra una? Son preguntas al azar, por supuesto, como botellas arrojadas a la mar con la esperanza de que le lleguen al dios de las palabras”1. Más allá de su gracia, estas palabras encierran en sí mismas la gran problemática que ha representado la ortografía a lo largo del tiempo en Hispanoamérica, trascendiendo el mero ámbito educativo. En efecto, pese a las reformas educativas y a los frecuentes cambios de enfoques teóricos y metodológicos en la enseñanza del Español como lengua materna, los resultados parecen ser consistentes y estables: la ortografía es el gran escollo para maestros, estudiantes y padres de familia, sin que se haya podido dar aún con la forma de derribarlo. Bástenos con leer el fragmento de la narración escrita por un niño mexicano de tercero de primaria que ilustra la portada del libro que nos convoca, para comprender la magnitud del problema: Abia una bes un niño en la cañe y empeso a yober muy fuerte entonses el aire soplo muy fuerte asta que el aire se calmo y el niño se caño en la montañas […] ¿Qué sucede? ¿Por qué estas omisiones y confusiones? ¿Qué lleva a Manuel a escribir de esta manera, rompiendo sistemáticamente el canon? ¿Qué destino académico y social se avizora en su futuro? Estas preguntas no pueden seguir arrojándose al mar…

La ortografía de los estudiantes de educación básica en México de Eduardo Backhoff, Margarita Peón, Eduardo Andrade y Sara Rivera, con la colaboración de Manuel González (Backhoff et al. en adelante), es la puesta en escena de esta problemática, ya que muestra con contundencia los desalentadores resultados en torno al manejo ortográfico en pruebas a nivel nacional aplicadas a escolares mexicanos en los años de 2005 y 2006. Este libro es un valioso estudio descriptivo que gira en torno a los problemas de ortografía, detectados en las pruebas de Expresión escrita, diseñadas por el Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación, a un muestreo de 15 mil niños –cantidad de no poca monta– de escuelas pertenecientes a varios estratos socioeconómicos y etnias en tres grados escolares, significativos todos, por el peso que tienen en el desarrollo lingüístico, cognoscitivo y social: tercero de primaria, mitad del proceso de enseñanza-aprendizaje. Se espera que en este momento ya se hayan consolidado las habilidades necesarias para el manejo más estrictamente instrumental de la escritura y de la lectura. Sexto de primaria, fin de una etapa fundamental en la educación (conocida como de los “años escolares”), que coincide con el término de un importante estadio fronterizo en el desarrollo lingüístico infantil; y tercero de secundaria, fin de otra frontera evolutiva en la que el niño se ha transformado en un joven adolescente, quien debería, en principio, haber alcanzado la culminación de su proceso de adquisición y desarrollo lingüístico, a la par del cierre del ciclo de su educación básica, con todas las destrezas que ello supondría, en especial con todas las relacionadas con la lengua escrita, entendida ésta como la conjunción de dos habilidades cruciales: escritura y lectura vinculadas no sólo con la competencia lingüística sino con la comunicativa. Uno de los aspectos más interesantes de esta prueba, que forma parte de las conocidas como EXCALE de Español (Exámenes de Calidad y Logro Educativos), es que fueron elaboradas con base en la normatividad impuesta por el currículo educativo nacional, por tanto, los resultados están en estrecha relación con dos de los principales actores del proceso de enseñanza aprendizaje: los libros de texto gratuitos y los Planes y Programas de Estudio de la Secretaría de Educación Pública, Ministerio que desde 1921 rige los destinos de la educación mexicana, que en los últimos años ha hecho un especial énfasis en la cultura escrita.

El libro de Backhoff et al. se caracteriza por su organización lógica y por su estilo nítido, plasmados en una Presentación (fina y sensible a la problemática real de la ortografía), una Introducción de los autores y seis capítulos acompañados por un profuso soporte gráfico de tablas y figuras que revelan el tipo de estudio minucioso y complejo basado en apoyos estadísticos y computacionales de punta. Todas estas partes orquestadas buscan cinco objetivos: describir los principales tipos de errores encontrados, detectar las palabras con error más frecuentes, en general, y en particular, en relación con el grado escolar y con el tipo de escuela a que pertenecen los niños; señalar la diferencias en las habilidades ortográficas por grado, obtener baremos (valores para medir el desempeño de los estudiantes en una habilidad específica) de errores ortográficos y, finalmente, establecer las relaciones entre la ortografía y otros componentes que se señalan en el currículo de la asignatura de Español: compresión lectora y reflexión sobre la lengua, dos de las aristas más agudas del prisma de la educación básica.

Con respecto a los principales resultados, algunos son totalmente esperados por su conocida ocurrencia; otros sorpresivos, por su relación con elementos extrínsecos a la lengua misma, pero todos ellos dignos de reflexión. Sólo que es imprescindible verlos dentro de sí mismos con las pruebas específicas aplicadas y el contexto social y lingüístico al que pertenecen los niños, para que se aprecien en su justa dimensión. Sin menoscabo de su importancia, debemos de interpretarlos como resultados relativos, emanados, por un lado, de la naturaleza de los textos probados: narrativo, descriptivo o argumentativo cuya esencia misma exige el uso de ciertas categorías. Por ejemplo, el alto porcentaje de error –de hecho, el mayor en todos los grados– que arrojó la acentuación, en especial de los verbos en pretérito, se explica por la presencia de los textos narrativos en la prueba. Y por el otro lado, también debemos de interpretarlos conscientes de la situación sociolingüística de los niños pertenecientes a la muestra: monolingües de español y niños bilingües de alguna lengua indomexicana y español. Los fenómenos de interferencia y de contacto de lenguas darían, sin duda, con la clave de un problema calificado –inadecuada, o mejor aún, inequitativamente– dentro de los mismos parámetros de evaluación.

En cuanto a la tipificación de los errores, merecería la pena también distinguir, entre los 27 detectados, su diversa índole, ya que responden a diferentes fenómenos relacionados con la escritura que no siempre son visibles para los maestros. Algunos se vinculan estrictamente con la percepción del niño y los patrones prosódicos de su lengua materna como la acentuación, la segmentación, puntuación (que de tan compleja, se prefirió en este libro dejarla para un estudio posterior). Otros se relacionan con la representación gráfica de diversos fonemas cuya coincidencia fonética y fonológica lo llevan a oír de igual manera la pronunciación de b-v, g-j, ll- y, q-c-k, r-rr, s-c-z, o simplemente no oírla, como la h –si son hablantes del español mexicano. Hay otros fenómenos detectados, como la inversión, omisión o adición de algunas letras que podrían encontrar su explicación en la constitución vocálica o consonántica de las lenguas indomexicanas que conviven con el español en las escuelas indígenas. Otros resultados más están relacionados con factores como el uso atípico de mayúsculas, que puede obedecer a una concepción cultural o infantil del espacio visual o a otro tipo de reflexión en la lógica de su momento de desarrollo, significativa a todas luces.

En fin, un acierto del libro de Backhoff et al. es que cumple con creces su meta, en este sentido es coherente en sí mismo y tiene un gran valor per se. Sin embargo, considero que el verdadero valor es el que subyace a sus objetivos explícitos y palpables al ofrecer en cada uno de sus capítulos un camino generoso y abierto de reflexión sobre la ortografía y su casi obligada filiación con la corrección y el error. En efecto, por la naturaleza de estos objetivos, el corazón del libro lo constituye el “error”, lugar privilegiado en la tradición educativa de México, y desafortunadamente, no privativa de él. La Ortografía, el error y la corrección, qué duda cabe, son elementos constitutivos y necesarios en la formación y normatividad escolar, y han de cumplir con su parte, pero el problema de raíz es que se han concebido como el factor fundamental en la construcción del conocimiento lingüístico y no como un elemento más que transita por los procesos de su comprensión y producción. La persistencia a lo largo del tiempo en el mismo tipo de errores apunta a la necesidad urgente de cambiar el enfoque y verlo más como un signo negativo y punitivo como la ruta inobjetable para seguir las huellas que deja el niño al cometerlo sistemáticamente, probando sus propios mecanismos de aprender. ¿De qué sirve marcarlo con calificaciones bajas? ¿O torturarlo con la repetición sin sentido de las palabras escritas con error? ¿Por qué no hacerlo reflexionar sobre el problema? ¿Por qué no hacerle ver que su lengua tiene reglas y secretos y aparentes arbitrariedades que él puede dominar si es consciente de ellas?

Sí, La ortografía de los estudiantes de educación básica en México, es un valioso libro de paradojas que ilustra fehacientemente una realidad que no se inmuta porque no quiere, no sabe o no puede hacerlo; de ahí la escasez abrumadora reportada en el capítulo uno de este libro de estudios sobre la ortografía que se han hecho en México pese a la importancia enorme que se le confiere; aunque de nada serviría la profusión de estudios si no se llega a profundizar en la causa-raíz del fracaso histórico y educativo de la enseñanza de la ortografía; si no se encuentran nuevas formas de sensibilización que ayuden al maestro a ver la ortografía en su justa dimensión y en su justa naturaleza: una fuente de reflexión para él mismo y para sus estudiantes.

Cumple este informe-libro con poner de nueva cuenta y con instrumentos de mensura rigurosa y un muestreo estadísticamente significativos los problemas más salientes de la ortografía del español mexicano y de abrir –implícita o explícitamente– ventanas de investigación plausibles y urgentes: búsqueda creativa, lúdica, reflexiva –no restrictiva ni prescriptiva– de estrategias para detectar y hacer conscientes las entretelas propias de la ortografía, fincada en factores varios: prosódicos, fonéticos, en la historia propia de la lengua y sus raíces etimológicas: Pero también incita a pensar en el valor social que ha jugado la escritura en las diversas etnias que componen socialmente a México, algunas de ellas constituidas esencialmente en la oralidad.

Es éste un libro que lleva irremisiblemente a reflexionar alrededor del significado de la diversidad lingüística de México, vertida en los tipos de escuelas medidos: privadas, públicas, urbanas, rurales, comunitarias e indígenas y alrededor de las trampas a las que los instrumentos estandarizados pueden conducir: ¿Es equitativo medir la ortografía de poblaciones monolingües con poblaciones con un bilingüismo palpablemente asimétrico? Habría que repensar, entonces, los sofisticados instrumentos de medición en sociedades de visibles diferencias sociales, económicas y por ende, educativas. Quizá así los resultados serían menos alarmantes y más comprensibles.

Valdría la pena retomar, en fin, la definición de Ortografía “manera correcta de escribir” como punto de partida para entender el problema a profundidad, y entender que la manera correcta de escribir tiene un profundo sentido que trasciende el error: el saber comunicar y compartir significados pertinentes en la sociedad que se vive. Para terminar, a guisa de confrontación con el gran García Márquez, me pregunto: ¿Jubilar la ortografía? No, revitalizarla por medio de uno de los procesos más fascinantes e intrínsecos en el hombre: reflexionar sobre su lengua y los mecanismos internos y externos que la hacen vivir y variar en una sociedad dada.

1García Márquez, G. (1998). Botella al mar para el dios de las palabras, en La Lengua española y los medios de comunicación. México: Secretaría de Educación Pública, Instituto Cervantes, Siglo XXI Editores. pp.11-13.

Nota: Reseña publicada (con ligeras modificaciones) en el Boletín de Filología de la Universidad de Chile, XLIV No1 (2009), 243-246.

Para citar este artículo, le recomendamos el siguiente formato:

Barriga Villanueva, R. (2010). ¿Jubilar la ortografía?. Revista Electrónica de Investigación Educativa, 12(2). Consultado el día de mes de año en: http://redie.uabc.mx/vol12no1/contenido-barrigavillanueva.html



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