Untitled Document

Revista Electrónica de Investigación Educativa

Vol. 19, Núm. 4, 2017

La investigación social, un acercamiento a lo cotidiano

Iván Darío Moreno Acero (*) ivanma@unisabana.edu.co

(*) Universidad de La Sabana

Cómo citar: Moreno, I. D. (2017). La investigación social, un acercamiento a lo cotidiano. Revista Electrónica de Investigación Educativa, 19(4), 1-4. Recuperado de http://redie.uabc.mx/redie/article/view/1872

Obra reseñada:

Packer, M. (2016). La ciencia de la investigación cualitativa. Bogotá: Uniandes, 512 pp.

Obra reseñada:

La investigación social es un ejercicio que ha facilitado auscultar la realidad de los fenómenos humanos y sociales. Ha ampliado los horizontes de comprensión y reestructurado el sentido que se le ha otorgado al ser humano y sus prácticas. Qué es, para qué sirve y cómo se puede hacer ha sido tema de debate desde los albores de la humanidad, pues la respuesta al qué condiciona la forma o los procedimientos en que se hará y el alcance científico y social que podría tener.

Los debates sobre paradigmas investigativos han ido en varias direcciones, en una de ellas la ciencia debe ser cuantitativa en la medida en que permite describir un fenómeno social a partir de los datos empíricos que conforman un fenómeno social; en otra dirección, la ciencia no puede ser exclusivamente cuantitativa, en tanto existen fenómenos que no pueden ser explicados sólo a la luz de datos empíricos, sino que deben ser abordados desde un encuadre comprensivo que acerque al investigador a otros aspectos: como los sentidos, las representaciones, las creencias o las prácticas sociales y la vivencia cotidiana de los sujetos. Y en una dirección más, estos paradigmas se deben enfocar colaborativamente (cada uno desde su propia lógica y encuadre metodológico) a la explicación y comprensión de los fenómenos sociales.

La disputa sobre cuál es la mejor dirección no se ha agotado, los epistemólogos de las Ciencias Sociales han hecho notables avances y contribuciones a esta discusión; Packer contribuye a ésta evidenciando tres puntos: primero, que la investigación cualitativa tradicional esconde un sesgo positivista en sus planteamientos epistemológicos, metodológicos y éticos; segundo, que esta modalidad de investigación debe tomar conciencia de la importancia que tiene la coherencia entre los principios que postula, las metodologías que emplea y los fines sociales que ha de alcanzar para comprender la forma en que se constituyen los fenómenos; y tercero, que el fin ético de una investigación social subyace en las contribuciones que hace al mejoramiento de las condiciones de vida de los sujetos y, por ende, a la transformación social. Según Packer:

Lo que necesitamos es una ciencia humana que sea capaz de captar esta “constitución”. Dicha ciencia no abandonaría la objetividad a favor del relativismo, ya sea epistemológico o cultural; en su lugar adoptaría un pluralismo epistemológico y moral, que depende de lo que se ha llamado “realismo plural” (Dreyfus, 1991, p. 262). Dicha ciencia, sugiero, es exactamente lo que constituye la investigación cualitativa bien definida […] Lo que se necesita es un tipo de investigación que no esté motivada por un interés técnico ni por un interés práctico, sino por lo que Habermas llamó un interés “emancipador” (p. 6).

Packer apuesta por un análisis crítico de los programas tradicionales de investigación cualitativa con el fin de que tengan conformidad real con la necesidad de comprender –más que explicar– los detalles “sutiles” o los aspectos mínimos de la cotidianidad de la actividad humana que han pasado desapercibidos a los ojos de los investigadores. Packer utiliza una estructura analítica que va de lo general (el concepto de ciencia), a lo particular (aspectos éticos que operan en un trabajo), de este modo hace un análisis ordenado y lógico de los componentes conceptuales, metodológicos y éticos de la investigación social cualitativa. Deconstruye cada uno de estos elementos y los examina, desde su historia y epistemología, con el objetivo de aclarar y reorientar la tarea de auscultar la naturaleza humana y los fenómenos sociales.

El libro se divide en tres secciones y quince capítulos. En la primera sección, “El estudio objetivo de la subjetividad”, se señala que las formas tradicionales de estudiar la cotidianidad humana se han caracterizado por una aproximación positiva que intenta objetivar individualmente el lenguaje, la cultura y las prácticas sociales como cuestiones subjetivas aisladas o como fenómenos individuados que pueden dar cuenta de los fenómenos sociales. Sin embargo, para Packer el lenguaje, la cultura y las prácticas sociales son escenarios humanos intersubjetivos que se dan y se comprenden en la interacción humana, es decir, se generan en el encuentro y desencuentro entre los agentes sociales, y se agencian en el diálogo dinámico de completud y co-comprensión entre los actores de la investigación.

En la introducción de la primera sección, compuesta por cinco capítulos, se hace analiza el sentido de ciencia que funciona bajo el esquema de la investigación social cualitativa. Se hace énfasis en el sentido positivo que prevalece y que limita la mirada sobre los aspectos constitutivos de la realidad, pues opera en búsqueda de lógicas o datos empíricos que den cuenta del fenómeno, y no de las formas en que a través de las prácticas sociales intersubjetivas se constituye ontológicamente la realidad. En los capítulos 1 y 2 se revisa el modo en que la entrevista semiestructurada y su análisis mediante códigos corresponden a un interés positivo, mientras que la conversación cotidiana facilita una aproximación co-comprensiva (intersubjetiva) del fenómeno estudiado. El capítulo 3 cuestiona el proceso de codificación de las entrevistas enmarcado bajo la teoría fundamentada de Glaser y Strauss (1967) y Glaser y Corbin (1990), ya que es un proceso de revisión unidireccional e individuado, pues la intención es dar cuenta de los códigos de las entrevistas y de la percepción unívoca del entrevistado, con lo que excluye al investigador como dialogante y actor activo en la comprensión de lo dialogado. En los capítulos 4 y 5 se ofrece una alternativa a la codificación tradicional por medio de códigos o categorías analíticas, se sugiere seguir la propuesta hermenéutica de Gadamer, quien centra su atención en el hecho de que la entrevista conduce a la comprensión intersubjetiva de una realidad social, de una experiencia de vida común que no había sido atendida.

La segunda sección, “Trabajo de campo etnográfico. El enfoque en la constitución”, se orienta a la comprensión de las prácticas sociales y el universo de situaciones que hacen parte de la cotidianidad social, por medio de la cual los sujetos constituyen su realidad. El eje de esta sección es la propuesta de que el fin de la investigación cualitativa y el trabajo de campo es comprender, por medio de esquemas metodológicos dialogantes, las formas en que los sujetos constituyen la realidad; es decir, ayudar a que los aspectos elementales y cruciales de los fenómenos se muestren-emerjan, de esta forma el trabajo de campo es un trabajo conversacional que se enfoca en comprender lo que los sujetos enuncian sobre sus prácticas, o en lo que hacen para enunciarlas.

En el capítulo 6 se estudia el trabajo de campo etnográfico como una metodología que acerca al investigador al análisis de las formas en que los agentes sociales se constituyen por medio de las relaciones y prácticas que se establecen con su comunidad, no obstante, se critica el sentido que toma este concepto en tanto analiza sólo una vía de constitución (que va de la comunidad al sujeto) mientras olvida la que va del sujeto a la comunidad y, la que se genera en medio de las tensiones cotidianas. En el capítulo 7 y 8 se desarrolla el concepto de constitución como un principio que opera o surge de las prácticas sociales y las interacciones cotidianas. En el capítulo 9 se genera el principal planteamiento: se discute el alcance limitado que tiene enfocar la investigación social a partir de metodologías etnográficas que describen lógica y esencialmente a la comunidad y su cotidianidad, por lo que es necesario un nuevo enfoque metodológico. El capítulo 10 amplía y desarrolla la urgencia de un trabajo ontológico, un trabajo que parte de que la vida es “vital, híbrida y multiubicada”, que sólo puede ser estudiada desde sus prácticas cotidianas, pero ya no por medio de un trabajo etnográfico tradicional, ni de entrevistas que enfoquen su análisis en la ya criticada codificación de la teoría fundamentada, o en el análisis crítico del discurso (Van Dijk, 1985), sino en el análisis conversacional (AC), como indica Packer: “Sugeriré que el AC ofrece una manera de incluir en nuestras descripciones de una forma de vida una justificación empírica sobre la manera en que sus participantes comprenden lo que ellos y los otros hacen” (p. 292).

La sección final del libro, “Investigación con un interés emancipatorio”, plantea que la investigación cualitativa en sus aspectos éticos debe ser crítica, lo que implica que debe tomar conciencia de los alcances que puede tener y, sobre todo, de su función social. Se entenderá la actitud crítica como una actitud profundamente reflexiva acerca de las tensiones sociales que viven los sujetos en su vida diaria. Deberá ser una investigación propositiva que amplíe los horizontes de lo humano, y devele los nuevos sentidos que en las prácticas sociales adquiere y se le otorga a lo humano. Su contribución deberá ser social y científica. Al respeto, enuncia Packer:           

La investigación cualitativa puede contribuir a esa problemática ética precisamente en las maneras que Foucault previó: la investigación de modos alternativos de relación, por ejemplo, en prácticas indígenas y subyugadas. Al traer luz a la constitución de la realidad que pasamos por alto, necesitaremos ver qué tan poco natural y extraña es la verdad […] esa es la investigación, no simplemente como una búsqueda del conocimiento, sino como una manera de vivir e incluso una manera de ser (pp. 458-459).

La última sección se compone de cinco capítulos. El capítulo 11 analiza el sentido histórico y emancipador que Marx le otorgó a la crítica: “Con Marx, la crítica se vuelve tanto un asunto de mostrar las condiciones para la posibilidad de un fenómeno, como de exponer la injusticia y la inequidad” (p. 334). En este contexto la investigación lleva a identificar y superar las fuentes de la desigualdad y la injusticia. El capítulo 12 centra su atención en examinar las contribuciones de Habermas para la comprensión de la investigación cualitativa como una labor crítica, en este caso Packer señala que un aspecto crucial de la investigación es tener una “imparcialidad negociada” con la comunidad; una mirada que le lleva a participar desde adentro de los problemas y fenómenos que se estudian, con un interés compresivo y problematizador. La distancia negociada facilitará el análisis profundo de los aspectos que, por su cercanía, pasan desapercibidos para la comunidad o los agentes sociales. En el capítulo 13 se estudia el aporte de Bourdieu, y se destaca que la investigación crítica debe ser reflexiva en la medida en que permite al investigador, primero, caer en miradas dogmáticas que le lleven a sobrevalorar su trabajo y absolutizarlo y, segundo, a que se asuma como juez cuya con la labor de enunciar qué es lo correcto y lo incorrecto. En el capítulo 14 se aborda el aporte de Foucault, quien –según Packer– enseñó “cómo el conocimiento científico no es simplemente una manera de saber, sino también una forma de actuar y de ser social antes de ser individual” (p. 433).  

El libro cierra con una reflexión final (capítulo 15) en la que el autor resume los planteamientos epistemológicos, metodológicos y éticos del libro. Propone que la investigación social cualitativa deberá articularse como un esquema de pensamiento reflexivo y práctico, con una función social y un alcance ético claro. Que se encargue de problematizar en sinergia con los agentes sociales, la vida concreta, o lo que es igual, la cotidianidad de las prácticas sociales; las formas en que las personas viven y constituyen su realidad, las formas en que dotan de sentido cada uno de los aspectos de su realidad social e histórica. El principal aporte de este libro es que mediante la deconstrucción de los sesgos positivistas que están vigentes en la investigación cualitativa se incline por una investigación social radicalmente humana, enteramente sensible de las condiciones históricas de exclusión, violencia o marginalidad que han padecido algunas comunidades o algunos agentes históricos y sociales. Al final, Packer recomienda:

Póngase por un tiempo en una esquina de la calle y mire el carácter encarnado de la existencia humana. Las personas hacen gestos, se tocan, agarran, inspeccionan, exploran; se involucran en compras, ventas, cocina, entretenimiento, coqueteo, baile… vida. Están vestidas, ornamentadas –equipadas con herramientas, utensilios, dispositivos y equipos– y manejan todo tipo de aparatos. Negocian los espacios de las casas, oficinas, tiendas, la calle y el pavimento. Sus cuerpos han sido moldeados y formados por toda una vida de dicha actividad. Cada una se levanta, se mueve, camina de una manera distinta, empleando “técnicas del cuerpo” específicas (Mauss, 1935, 1973). Su comportamiento corporal, su saber encarno, está desatendido por cualquier estudio que intente aislar “la experiencia” con una entrevista o cuestionario. Estudiar los “conceptos” o la “subjetividad” es olvidar esto (p. 446).   

Packer enseña que investigar es acercarse comprensivamente al drama humano, esto es, dialógicamente, a la manera en que los sujetos constituyen la realidad, y la forma en que la realidad toma forma a través de la cotidianidad de los espacios más elementales. Investigar será un ejercicio sentido que dará lugar a las formas elementales de la vida de las personas y a la transformación de los diversos sentidos que toma la vida.