Revista Electrónica de Investigación Educativa


Vol. 8, Núm. 1, 2006

Proyectos educativos inspiradores: una razón para reflexionar

Leonor García Pérez
leonor_garcia_p@yahoo.com.mx

Departamento de Educación
Universidad Autónoma de Aguascalientes

Av. Universidad 940
Col. Ciudad Universitaria, 20100
Aguascalientes, Aguascalientes, México
 

Obra reseñada:
Zorrilla, Margarita (Coord.). (2005). Hacer visibles buenas prácticas.
Mientras el debate pedagógico nos alcanza
. México: Consejo
Mexicano de Investigación Educativa, 236 pp.

 

Este libro reúne, en cinco capítulos, un conjunto de experiencias educativas en México, narradas por los propios investigadores que las estudiaron. El propósito de la obra es acercar a los lectores a distintas investigaciones llevadas a cabo en áreas geográficas disímiles alrededor de la República mexicana, a efecto de dar a conocer lo que se hace bien en educación y que pueda servir de inspiración para otros proyectos.

Primero, Bonifacio Barba habla de cómo la comunidad de Tizapán El Alto, Jalisco, reunió esfuerzos para que escuelas secundarias pudieran contar con un criadero de borregos, con el deseo de preparar a los jóvenes para situaciones laborales reales. Es importante destacar que en estas sociedades existe un alto índice de migración hacia Estados Unidos; por lo que todo cuanto pueda hacerse dentro de la comunidad para que esta situación cambie (si no cesa, al menos que no aumente), es de gran utilidad.

En el segundo capítulo, Mario Rueda presenta la experiencia de Tatu’utsí Maxakwaxi, una escuela de educación secundaria inmersa en una comunidad indígena marginada, en el municipio de Mezquitic en el estado de Jalisco. En esta escuela la intención es enseñar la lengua wixárika para que los jóvenes no olviden sus raíces. Aprenden español y pueden salir de su comunidad, pero pierden identidad. Asimismo, estos alumnos reciben instrucción sobre derechos indígenas y derechos humanos, en general.

Otro rasgo que llama la atención de esta escuela es que los jóvenes que residen a varias horas de caminata regresan a sus casas los fines de semana, mientras que los que pertenecen a lugares aún más alejados del centro educativo son recibidos en las casas de familias locales durante todo el año escolar.

En este caso también sobresale el hecho de que con el propósito de desarrollar habilidades y competencias en el idioma español se han creado asambleas de alumnos, en donde los jóvenes ponen en la mesa problemas, toman decisiones, dialogan de manera colectiva y participan en público. Esto pone de manifiesto que la democracia es un valor inherente en dicha escuela.

En el segundo capítulo se presenta la experiencia de Mercedes de Agüero en un centro educativo de la comunidad de San Bartolomé Zoogocho en el estado de Oaxaca. En este caso hay dos circunstancias que llaman la atención: la primera, que se trata de un internado en donde niños y niñas conviven día a día, aprenden diversos oficios en los talleres y participan en la preparación de los alimentos; la segunda, que muchas de las actividades de la comunidad en donde está inmerso este centro giran alrededor de eventos en los que las bandas de música son protagonistas.

En la narración de De Agüero, el lector puede percibir la belleza natural que encierra la comunidad de Zoogocho, el olor a tortillas calentes recién preparadas y el sonido de los instrumentos musicales que acompañan la diversidad de etnias indígenas que viven en el internado. Así, la música se convierte en el idioma común para todos los pequeños que conviven en el internado. Asimismo, se puede conocer la importancia de la colaboración y armonía entre los integrantes de esa comunidad.

Los niños cursan la educación primaria, viven en un internado y aprenden un oficio; pero además, se sensibilizan frente a las artes y se fortalecen con los deportes. No sólo son capaces de tocar un instrumento, sino que aprenden a leer y crear música. Es interesante ver que en pleno siglo XXI, esta comunidad aún conserve la tradición de las bandas musicales.

Mercedes de Agüero relata sus experiencias frente a eventos deportivos y culturales en donde varias comunidades compiten entre sí y comparten tanto sus riquezas y tradiciones culturales, como su tiempo, sus alimentos, su mesa y el cariño por su misma gente.

El reconocimiento de las bandas de música de este internado ha cruzado las fronteras de Zoogocho y hasta las de Oaxaca. Hoy día, jóvenes de diversas partes del México desean integrarse a este centro para estudiar música. Otro aspecto relevante es que no sólo los niños aprenden a tocar un instrumento, sino que muchos se convierten en instructores y, por tanto, multiplicadores del saber.

El cuarto proyecto presentado en esta obra es el de Alma Carrasco. En su investigación podemos ver cómo distintos niveles educativos, ubicados en una amplia zona rural de la Sierra Norte del estado de Puebla, han sido beneficiados por este proyecto. En esta experiencia se puede ver cómo el trabajo en equipo, la solidaridad y el compromiso de estudiantes y profesores se hace palpable al momento de que muchos alumnos al concluir sus estudios, permanecen en la zona para transmitir y extender sus saberes y conocimientos. Para ello, se han dado a la tarea de sistematizar sus experiencias educativas y, de esta forma, han podido incluir en el currículo las necesidades específicas de la zona.

Asimismo, estudiantes y profesores están comprometidos en un plan editorial que concentra propuestas, sugerencias didácticas y materiales de lectura. El tema de la investigación es preocupación constante de los involucrados en el proyecto.

Por otra parte, en el estudio de Mercedes de Agüero es claro observar que en la Sierra Norte de Puebla se vive permanentemente el tema de la equidad de género, ya que cada día más mujeres se incorporan al proyecto.

Como último capítulo está la participación de María Bertely, quien comparte las experiencias de diversas escuelas involucradas en el proyecto de Casa de la Ciencia, en el estado de Chiapas. Esta institución trabaja de manera constante en talleres de capacitación a profesores, en los cuales los docentes tienen la oportunidad de conocerse más y de ayudarse mutuamente. En este proyecto destaca el hecho de que los profesores al conocerse mejor han podido llevar a cabo un trabajo colegiado, que antes no existía.

Estos cinco proyectos manifiestan el amor por la educación y el compromiso de cada miembro de la comunidad. Además, estos proyectos devuelven la fe en que los niños pueden dejar de ser cifras sin rostro y que cada individuo cuenta. En educación, se entiende por “buena práctica” aquélla que se realiza con el fin de atender una necesidad específica, en un contexto particular, y que logra efectos positivos en los participantes. En ocasiones, existen debates pedagógicos acerca de lo que debe o no llevarse a cabo; pero mientras esto sucede, realidades como lo que acontece en los cinco proyectos que se muestran en el libro Hacer visibles buenas prácticas. Mientras el debate pedagógico nos alcanza, rebasan la velocidad a la que se discute, así como los resultados que se obtienen.

Para citar este artículo, le recomendamos el siguiente formato:

García Pérez, L. (2006). Proyectos educativos inspiradores: una razón para reflexionar [Reseña del libro: Hacer visibles buenas prácticas. Mientras el debate pedagógico nos alcanza]. Revista Electrónica de Investigación Educativa, 8 (1). Consultado el día de mes de año en: http://redie.uabc.mx/vol8no1/contenido-garcia.html



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