Revista Electrónica de Investigación Educativa

Vol. 16, Núm. 3, 2014

Consumo cultural del libro y la lectura1
en estudiantes de secundaria en Jalisco


Mayela Eugenia Villalpando Aguilar
eugenia27va@yahoo.com

Centro de Investigaciones Pedagógicas y Sociales
Secretaría de Educación Jalisco

Av. Prolongación Alcalde No. 1351
Edif. "B", Torre de Educación, Col. Miraflores C.P. 44280
Guadalajara, Jalisco, México

(Recibido: 25 de noviembre de 2013; Aceptado para su publicación: 18 de septiembre de 2014)

Resumen

El objetivo de este estudio es analizar el peso de las variables de nivel sociocultural familiar, tamaño de localidad de residencia y género en el consumo cultural del libro y la lectura en estudiantes de secundaria en Jalisco (México). El método es descriptivo, se realizaon encuestas que miden el consumo cultural de los adolescentes a través del acceso, las preferencias y valoración de los libros y la lectura. La muestra está conformada por 2,172 estudiantes de ambos sexos y edades comprendidas entre los 12 y los 17 años. Los resultados evidencian las desigualdades generadas en el nivel sociocultural familiar en los patrones de acceso a los libros, edad en que se inicia y personas que animan la lectura; patrones similares en el gusto y valoración de la lectura entre los grupos de localidades por tamaño de población y diferencias de género en las preferencias del tipo de libros. La discusión aborda el consumo de bienes culturales en el marco de la relación estructural del capital cultural familiar y capital escolar.

Palabras clave: Consumo cultural del libro y la lectura, Estudiantes de secundaria, Localidad de residencia, Nivel sociocultural, Género.

I. Introducción

El presente artículo analiza el consumo de bienes simbólicos con fundamento en la teoría sociocultural de Bourdieu (1979), siendo una de las premisas fundamentales la relación estructural del consumo y el capital cultural que se presenta en los mercados de bienes y servicios. Esta relación es definida por las posiciones y la distribución de grupos, en el espacio social y geográfico, que posibilitan el acceso a los bienes y constituye la estructura socioeconómica en las sociedades contemporáneas.

Desde esta perspectiva se concibe al consumo cultural como un conjunto de prácticas socioculturales en las cuales se construyen significados y el sentido de la vida a través de la apropiación y los usos de los bienes culturales que se distribuyen entre la población, los cuales podrán tener un valor simbólico predominante sobre los valores de uso y de cambio (García Canclini, 2006). Asimismo, Brunner (2006) aporta elementos desde la antropología simbólica estructural, concibiendo diversas dimensiones de análisis del consumo cultural: a) distribución social de las actividades culturales; b) frecuencia de determinados consumos, y c) manifestación de preferencias, gustos y valoración de los productos culturales.

Con respecto a la concepción de los jóvenes adolescentes, la perspectiva sociocultural de Bourdieu (2000) propone enmarcar a la juventud, no como una categoría objetiva que remite a un grupo social homogéneo delimitado con un criterio de edad biológica, sino enmarcado en un sistema de relaciones sociales que define, en cada campo, los espacios estructurados y jerarquizados de posiciones, con capitales y creencias específicas en los sujetos.
El análisis sociológico de las relaciones de los jóvenes con el mercado de bienes simbólicos permite reflejar la heterogeneidad social a través de las diferencias observadas en los sujetos, cuyas definiciones varían en función de la clase y espacio social, el género y la ubicación geográfica por tamaño de la localidad, que los caracteriza.

Conviene recordar que por género se entiende el conjunto de creencias, prescripciones, atribuciones y aun emociones, construidas cultural y socialmente sobre la base de la diferencia sexual. En este sentido, es la sociedad la que determina qué es lo “propio” del hombre y de la mujer, así como los respectivos espacios en donde se desarrollan preferentemente sus actividades y ocupaciones, es decir, las instituciones sociales ofrecen y asignan los roles y pautas de comportamiento que serán interiorizados durante la socialización de los individuos conformando así su identidad de género.

1.1 Distribución territorial de los patrones de consumo cultural

El espacio geográfico se puede jerarquizar respecto a los niveles económico, social y cultural de la población, los cuales se presumen más elevados en las concentraciones metropolitanas y en las poblaciones urbanas de las ciudades medianas. Se espera que estos niveles alcancen su valor más bajo en las localidades rurales que cuentan con menos de 2,500 habitantes.

Esta jerarquización se debe a una desigualdad en la infraestructura comunicativa que favorece la accesibilidad geográfica, los servicios urbanos a la producción y la cualificación de los recursos humanos, así como un sistema urbano de espacios y actividades culturales (es importante señalar que esta desigualdad es percibida por los individuos y las instituciones).

Tomando como referencia la obra de Bourdieu (1979), se establece el valor simbólico de la residencia con relación a la oferta cultural ligada a la densidad del capital cultural que se traduce en oportunidades objetivas ofrecidas a la población para el acceso a los bienes simbólicos.

1.2 El enfoque sociocultural del libro y la lectura


La lectura es uno de los rubros que tradicionalmente se consideran como parte del consumo cultural. Si bien constituye por sí misma una actividad considerada patrimonio escolar, es también un elemento central para la reproducción del capital cultural de un grupo social.

En el ámbito educativo mexicano hace apenas dos décadas que comienza a discutirse esta concepción alternativa de la lectura, ya que anteriormente prevalecía entre los educadores la idea de que ser lector se limita a ser alfabetizado, esto es, tener la capacidad de decodificar textos escritos. Las teorías pedagógicas clásicas enfocan al alumno como el centro de la actividad lectora, mientras que las teorías socioculturales ubican a la lectura en un contexto social, lo cual implica que se aprende a leer de otros lectores y de los textos que rodean al lector (Kalman, 2006).

En la perspectiva sociocultural se considera al libro y a la lectura como bienes simbólicos que forman parte del capital cultural que transmiten las instituciones, la familia y la escuela, entre otras, y que constituyen los códigos básicos de acceso a la cultura letrada y socialmente legitimada. Asimismo, el capital escolar es el producto acumulado de la transmisión cultural asegurada por la familia y certificada por la escuela “cuya eficacia depende de la importancia del capital cultural directamente heredado de la familia” (Bourdieu, 2000, p. 20).

En relación con la lectura, el capital cultural familiar, medido a través del nivel sociocultural familiar, se refleja en las condiciones que apoyan su desarrollo, como son, el nivel de escolaridad alcanzado por el jefe de familia y los bienes o equipamiento cultural disponible en el hogar.

En la Encuesta Nacional de prácticas y consumos culturales (Consejo Nacional para la Cultura y las Artes [CONACULTA], 2004) se afirma que el número de libros leídos depende directamente del nivel de ingreso y el grado de educación; además, son los jóvenes el segmento demográfico que lee más libros por año en nuestro país, en promedio 5 libros per cápita, dos más que el promedio general. Por su parte, en la Encuesta Nacional de Lectura (2012) se menciona una disminución del 10% en el índice de lectores respecto a la del 2006, aunque el grupo de 12 a 17 años sigue leyendo igual o más (61%), en comparación con el resto de los grupos de edad, y se concluye que la lectura es un asunto estrictamente educativo (Fundación Mexicana para el Fomento de la Lectura [FunLectura], 2012).

Sin embargo, en Jalisco, como en el resto del país, es una cuestión generalizada el deficiente nivel de lectura que se presenta en los estudiantes de todos los niveles educativos (ENLACE, 2012). Considerando esos resultados, esta investigación se interesa por una población adolescente, que teniendo el mismo nivel de escolaridad, sea variable el género, el nivel sociocultural familiar y el tamaño de la localidad donde reside la familia al conformar los patrones de consumo cultural del libro y la lectura.

Con este fundamento se planteó la pregunta: ¿Cuál es el peso de las variables de nivel sociocultural familiar, tamaño de la localidad de residencia y género, en la conformación de los patrones de consumo cultural del libro y la lectura en estudiantes de secundaria? Los supuestos que guían la indagación del estudio son dos; el primero se sustenta en los resultados que señalan a la escolaridad como el factor socio-demográfico de mayor peso en la conformación de las prácticas culturales de los mexicanos (CONACULTA, 2004).

Por otra parte, Bourdieu (2000) considera a la escolaridad como indicador del capital escolar, producto del resultado acumulado de la transmisión cultural asegurada por la escuela y por la familia. Por tanto, al tener escolaridad equivalente en la población objeto del presente estudio (educación secundaria), se considera que la eficacia de la transmisión cultural depende del capital cultural heredado de la familia. Este concepto se define operacionalmente en el nivel sociocultural familiar. Por tanto, el planteamiento del primer supuesto es: A escolaridad igual, los factores que conforman el perfil del consumo cultural de los adolescentes son: el nivel sociocultural familiar (medido a través del acceso a bienes culturales en el hogar y el nivel de escolaridad del jefe de familia), y el género.

El segundo supuesto se deriva de los resultados de la Encuesta Nacional sobre prácticas y consumo culturales (2004), que afirma la existencia de una relación entre el tamaño de la población (número de residentes) en las localidades y los patrones de consumo cultural existentes. Por tanto, el planteamiento es el siguiente: Existen patrones similares de consumo cultural de los adolescentes que habitan en localidades con el mismo tamaño de población, independientemente de la región geográfica a la que pertenecen.

II. Método

El estudio realizado es descriptivo, mediante encuesta ofrece información sustentada en la distribución porcentual de frecuencias respecto a la relación entre las variables señaladas y el consumo cultural del libro y la lectura de los adolescentes en Jalisco. Al elaborar la encuesta se hizo la selección de los ítems que se consideraron pertinentes de la Encuesta Nacional sobre prácticas y consumo culturales (2004), adecuándolos a las características y formas de interacción propias de los adolescentes de 12 a 17 años de edad en situación de escolarización formal de nivel secundario. Asimismo, se agregó una selección de ítems de la Encuesta Nacional de Lectura (CONACULTA, 2006) para el rubro específico de la lectura y se consideraron libros, revistas y periódico para el rubro de las preferencias por género.

La ficha metodológica quedó estructurada de la siguiente forma:

Tipo de estudio: Encuesta de consumo cultural diseñada y aplicada con estudiantes de secundaria en Jalisco en los ciclos escolares 2008-2009 y 2009-2010 con representatividad estatal.

Fechas de levantamiento: Junio y Julio de 2009. Octubre y Noviembre de 2009. Febrero a Mayo de 2010.

Población: 1,789 escuelas y 374,763 estudiantes.

Procedimiento de muestreo: La muestra consistió en 328 escuelas distribuidas por modalidad escolar. Se estableció una cuota fija de estudiantes por escuela.
Tamaño de la muestra: 2,172 estudiantes.

Método de selección de escuelas: Aleatorio simple y juicio de experto.

Método de selección de encuestados: de manera sistemática y aleatoria.

Características de la Muestra: Sexo: Hombres: 974 (44.8%), Mujeres: 1,198 (55.2%). Edad: 12 años: 239; 13 años: 663; 14 años: 728; 15 años: 457; 16 años: 66; 17 años: 19 estudiantes. Grados: primero: 699; segundo: 714 y tercero: 759.

Modalidad escolar: General: 955; Técnica: 473; Telesecundaria: 681; Comunitaria: 63. Localidad: Rural: 838; Urbana: 747; Metropolitana: 587.

Procedimiento de recolección de datos: Aplicación de encuestas por grado en cada escuela. El 85% de la aplicación se hizo mediante cuestionarios impresos y el 15% restante se encuestó en línea.

Procedimiento de análisis de datos: Se conformó una base de datos y se utilizó el programa SPSS para su procesamiento. Se obtuvieron descripciones con medidas de tendencia central, distribuciones porcentuales de frecuencias y gráficas de comparación sin prueba estadística.

III. Resultados

Este apartado expone los resultados del análisis de la información recabada a través de la encuesta. En la primera parte se presenta la caracterización de la muestra a través de dos perfiles: 1) El territorial describe los datos con base en seis estratos de localidades y, 2) El sociocultural que se integra por el nivel de instrucción del jefe de familia y el equipamiento cultural en la vivienda; en la segunda parte se muestran los patrones de consumo cultural del libro y la lectura con relación a las variables mencionadas.

El perfil territorial muestra la distribución de los datos de acuerdo a la variable de tamaño de la localidad de residencia, clasificada en seis estratos de localidades (ver Tabla I); para los primeros cinco grupos se toma como base la estratificación presentada en la Encuesta nacional sobre prácticas y consumos culturales (CONACULTA, 2004) a la que se agregó un sexto grupo, que incluye a las localidades de población rural (Instituti Nacional de Estadística y Geografía [INEGI], 2005).

Tabla I. Distribución territorial de la muestra por localidades y estratos

Asimismo, se consideró la modalidad escolar a la que asisten los estudiantes, por estar asociada al tamaño de la localidad de residencia (ver Tabla II). Del total de 2,172 estudiantes encuestados, un poco más de la tercera parte, 38.6% habita en localidades rurales (grupo VI); un 27% son estudiantes de la Zona Metropolitana de Guadalajara y Puerto Vallarta (grupos I y II), mientras que el 34.4% restante corresponde a los que viven en localidades urbanas de la Entidad (grupos III, IV y V).

Tabla II. Distribución de la muestra por modalidad escolar y grupos de tamaño de población

Como se puede observar, los encuestados que habitan en localidades rurales (grupo VI), corresponden en su gran mayoría (76.5%) a estudiantes que asisten a la modalidad de telesecundaria; también se incluyen en este grupo todos los alumnos de las escuelas comunitarias atendidas por el programa Consejo Nacional de Fomento Educativo [CONAFE], los cuales representan un 7.5% de ese grupo. El resto de estudiantes de localidades rurales, un 16%, asiste a escuelas técnicas federales y secundarias generales de sostenimiento federal, estatal y particular.

En las localidades urbanas (grupos III, IV y V), la mayoría de los estudiantes (66%) se encuentran atendidos por las secundarias generales, tanto de financiamiento público (50%) como privado (16%); en un 27% por secundarias técnicas federales y sólo un 4% por técnicas estatales.

En el caso de los estudiantes que habitan en metrópolis (grupos I y II), son atendidos en su mayor parte (68%) por secundarias generales, de financiamiento público (52.5%) y particular (16%). Las escuelas secundarias técnicas federales representan un 23% en estos grupos.

Con respecto al perfil sociocultural, se presenta en primer término la relación de la escolaridad máxima del jefe de familia con la residencia por localidades según los seis estratos del tamaño de población ya considerados (ver Tabla III). A la suma de los porcentajes por localidad se le agrega el monto correspondiente a los que no saben o no contestaron para dar el 100%.

Tabla III. Distribución porcentual de niveles de escolaridad del jefe de familia por localidades

Asimismo, el nivel sociocultural familiar se integra a través del equipamiento cultural en la vivienda (ver Tabla IV) con los bienes que se caracterizan principalmente por un valor de mediación con las expresiones de la cultura en la sociedad actual. El listado de bienes se retomó de la Encuesta Nacional sobre prácticas y consumo culturales (CONACULTA, 2004).

Tabla IV. Nivel de escolaridad jefe familia/Distribución porcentual de equipamiento cultural

La tendencia que se presenta en el nivel de escolaridad de educación superior es al aumento generalizado de bienes en el hogar, aunque permanece constante la televisión y se mantiene bajo el equipamiento de bienes artísticos, si bien éstos se duplican con respecto al grupo cuya escolaridad es básica.

Los datos evidencian las desigualdades entre los estudiantes de secundaria encuestados, debidas a la relación entre el grado de escolaridad del jefe de familia y el equipamiento de bienes culturales en la vivienda.

Esta desigual distribución del nivel sociocultural familiar obliga a la escuela, particularmente en la modalidad de telesecundaria, a considerar los bienes culturales que requieren los estudiantes y si está en posibilidad de ofertarlos ya que juega un papel compensatorio, particularmente en las poblaciones pequeñas y rurales, brindando las condiciones indispensables para la incorporación de los bienes culturales a las familias que no cuentan con ellos.

Patrones de consumo cultural en libros y lectura

Acorde con la distribución territorial en seis grupos por tamaño de localidad de residencia y modalidad escolar, en seguida se presenta información acerca de la edad en que los estudiantes aprendieron a leer, los patrones del gusto y la valoración que se tiene por la lectura y las razones para hacerla.

Los resultados muestran que la edad en que se aprende a leer tiene relación con el lugar en que viven los estudiantes; quienes habitan en localidades rurales y poblaciones urbanas pequeñas (grupos V y VI) aprenden mayoritariamente, en un 70%, con 6 y 7 años de edad, mientras que los alumnos de zona metropolitana (grupos I y II) inician la lectura a los 4 y 5 años.

La edad en que los adolescentes aprendieron a leer también está relacionada con el nivel sociocultural familiar, ya que la mayoría de quienes tienen padres universitarios aprendieron a leer entre los 4 y 5 años, mientras que los hijos de papás con educación básica lo hicieron entre los 6 y 7 años. Al analizar el grupo de estudiantes de localidades rurales por el tipo de escuela que los atiende, la diferencia se refleja hasta en un 30% de quienes asisten a escuela comunitaria (CONAFE), ya que aprenden a leer entre los 7 y 10 años de edad.

En cambio, en el gusto por la lectura hay pequeñas diferencias debidas al lugar de residencia; alrededor del 50% de los estudiantes de secundaria manifiestan que les gusta leer, a un 30% le gusta poco, y al 20% restante le gusta mucho. Sólo en la zona metropolitana los encuestados manifiestan en igual proporción (42%) que la lectura les gusta o les gusta poco.

La casa es el lugar preferido de lectura (alrededor del 60%) siendo el puntaje más alto (71%) para los estudiantes que viven en ciudades (pertenecen al grupo II) y el puntaje menor (52%) para los que viven en localidades rurales (grupo VI); en preferencia de lugar para leer le sigue la escuela (entre el 30% y el 40%), excepto para los estudiantes de localidades rurales atendidos por escuelas comunitarias, quienes declaran en un 60% que la escuela es el sitio donde les gusta leer. Finalmente, otros sitios públicos, como la biblioteca o el parque, son mínimamente elegidos para leer, independientemente de la localidad de residencia.

La razón principal para leer es aprender (con un 50% en promedio) y le siguen los motivos de diversión y hacer mejor los trabajos escolares, 20% y 15%, respectivamente; sólo en el caso de los estudiantes de localidades rurales la proporción es inversa: 20% para mejorar los trabajos y 12% para divertirse. En este mismo grupo se presenta el mínimo porcentaje (2%) asignado a la lectura para ser culto, frente a un 12% asignado a este rubro en estudiantes que viven en zona metropolitana. Es de resaltar el caso de los estudiantes de escuelas comunitarias, quienes leen para aprender en 55%, para hacer mejor los trabajos en 30% y ninguno para ser culto, lo cual coincide con la apreciación que tienen de la lectura, como una actividad que generalmente se realiza en la escuela.

De las razones para no leer que seleccionan los estudiantes de secundaria se encuentran en primer término la falta de tiempo (28%) y la preferencia por realizar otras actividades (25% en promedio). Se señala el no tener un lugar apropiado para leer (16%) en proporción similar a no saber qué leer (14% en promedio) y la falta de interés por leer lo que se tiene cerca, el 10% en promedio.

En cuanto al patrón de acceso a los libros (ver Tabla V) entre los estudiantes que habitan en zonas metropolitanas y localidades urbanas (grupos I a V), tiene las siguientes características: Alrededor de un 75% manifiesta que han ido al menos una vez a la librería y que la mayor parte de los libros que han leído son comprados (55%). La cantidad de libros que compraron en un año es de 2 a 6 en un 42%, y un 30% compró un libro. Un tercio de los encuestados dice que tiene de 1 a 20 libros en su hogar, seguido del 30% que afirma tener de 21 a 60.

Tabla V. Modalidades de acceso a los libros

El patrón de acceso a los libros del grupo de estudiantes que habita en localidades rurales presenta cifras más bajas en comparación a los grupos de localidades urbanas y metropolitanas. Esta desigualdad de oportunidades se observa en el acceso a las librerías, la compra de libros y el número de éstos disponibles en casa. En consecuencia, la procedencia de los libros que han leído es mayoritariamente de la biblioteca o sala de lectura y, en menor proporción, provienen del préstamo de un amigo.

Al analizar estos resultados por el tipo de escuela en las localidades rurales, para los estudiantes de escuelas comunitarias, en el 60% los libros provienen del préstamo (30% de un amigo y 30% de biblioteca), mientras que entre los que asisten a telesecundarias, un 55% de los libros proviene de la biblioteca o sala de lectura, y un 20% de un amigo.

Estos resultados confirman los de la Encuesta Nacional de Lectura (CONACULTA, 2006) entre los que se afirma que una parte importante de los materiales que leen los mexicanos se consiguen a través de vías como las redes familiares y de amigos, así como las bibliotecas y las salas de lectura; estas últimas sobre todo en los estratos socioeconómicos medio bajo y bajo, y en las localidades con un menor número de habitantes.

El promedio de libros leídos al año es de 2 a 6 en la mayoría de los estudiantes en la entidad, aunque es de resaltar que un 35% de los encuestados que habitan en localidades rurales menciona que ha leído 7 o más libros en ese período.

Con respecto a las preferencias de tipo de lectura se presenta la siguiente distribución porcentual: los estudiantes coinciden en señalar en primer lugar el cuento y la novela, casi en la misma proporción; le siguen los libros de historia, poesía y superación personal. El tipo de lectura menos favorecido es el de la política, así como las guías o manuales.

En cuanto a las personas que animan a leer a los estudiantes de secundaria aparecen, en los primeros cinco grupos, mayoritariamente los papás con un porcentaje superior (44%) en el grupo de la zona metropolitana. En seguida con una frecuencia porcentual semejante (26% y 22%), los maestros y lo que se considera la lectura por iniciativa propia.

Es interesante que los amigos se mencionan como un factor que favorece la lectura en una menor proporción (8%).

En cambio, la mitad del grupo de estudiantes que habita en localidades rurales y asiste a la telesecundaria o escuelas comunitarias, declara que los maestros son actualmente quienes animan más a leer, seguido por un tercio que afirma ser apoyado por los papás.

Al relacionar estos resultados con una de las condiciones que apoyan la lectura como es el nivel de escolaridad del jefe de familia es clara la diferencia entre las localidades, pues mientras en las familias rurales el nivel es, como máximo, la educación básica (84%), en zonas metropolitanas la mayoría de los jefes de familia cuenta con educación media o superior.

Estos resultados contrastan con los obtenidos en la Encuesta Nacional de Lectura (CONACULTA, 2006), en donde se afirma que los papás son el factor decisivo en la promoción de la lectura para los estudiantes de primaria mas no para los de secundaria, ya que en la adolescencia los maestros y compañeros de estudio resultan fundamentales para estimular la lectura. Es de resaltar la influencia de los padres en la animación a la lectura independiente durante la niñez y para mantener el hábito siendo adulto (Encuesta Nacional de Lectura, 2012).

Por otra parte, para buscar información de tipo escolar la preferencia está en la Internet, muy por encima del uso de los libros o las enciclopedias digitales. Resulta un tanto paradójico que esta utilización prevalezca aun cuando la conexión a Internet en la escuela se da en la menor proporción que en el hogar o el cibercafé.

Con respecto a las actividades recreativas que se realizan en casa durante el tiempo libre, los patrones son similares entre las localidades; en primer lugar, escuchar música y ver la televisión; en segundo lugar, hacer tarea, leer un libro y platicar por chat; en seguida, platicar con padres y hermanos, jugar videojuegos y ver películas en VHS o DVD.

En lo concerniente a las preferencias de otros tipos de lectura, se incluyen las revistas, historietas y periódicos; los patrones de frecuencia son bajos y la variedad es similar entre los seis grupos por localidad, aunque se enfatiza la poca lectura en los estudiantes de localidades rurales, quienes en su mayoría (50% en promedio) declaran que casi nunca leen estos medios de comunicación. El abanico de revistas seleccionadas también resultó constante: las deportivas en un 20%, de espectáculos en 18%, las revistas femeninas, al igual que las de arte y cultura en 13%, y las historietas con 12%.

Asimismo, se confirma la tendencia que presentan los resultados de la Encuesta Nacional de hábitos, prácticas y consumo culturales (CONACULTA, 2010) en el apartado de Jalisco, en los cuales aparece el 48% y el 60% respectivamente, de quienes nunca leen el periódico ni las revistas.

A continuación, se describen los datos de acuerdo a la variable de género, expresada en porcentajes en cuanto al gusto, valoración y uso de los bienes culturales especificados en la encuesta. La distribución de la muestra por género fue en total de 974 hombres y 1198 mujeres, lo cual representa el 44.8% y el 55.2% respectivamente, del total de estudiantes de secundaria encuestados.

En los resultados se puede apreciar, que si bien, los modelos tradicionales que delimitan ambos sexos, siguen estando presentes cuando se trata de preferir leer una revista de “ciencia, tecnología y computación” (35.7% hombres y 13.5% mujeres) u otra de “salud, belleza y cocina” (4.2% hombres y 49% mujeres); estos modelos no desempeñan un papel relevante en el caso de los indicadores relacionados con las formas de uso y consumo a través de los medios electrónicos.

En cuanto a la lectura, se presenta de igual manera, una diferencia en las razones que eligieron para no leer, pues mientras los hombres admiten que no les gusta esta actividad (25.7%) el porcentaje de mujeres es menor para la misma opción (13.9%). Se advierte también un mayor porcentaje de mujeres (34%) que leen por propia iniciativa que hombres (24.3%).

En el apartado de preferencias de lectura (ver Tabla VI), se presentan diferencias de género en las temáticas seleccionadas: la novela, el cuento y la superación personal son lo más gustado en el caso de las adolescentes mientras que para ellos lo son el cuento, la historia y en tercer lugar, libros científicos y técnicos.

Tabla VI. Preferencias de lectura por género

De acuerdo con los resultados de la Encuesta Nacional de hábitos, prácticas y consumo culturales (CONACULTA, 2010), los títulos más señalados por quienes adquirieron libros en el último año son, Crepúsculo y Eclipse, famosas sagas dirigidas a los jóvenes, y varias obras de superación personal.

En el caso de las revistas también aparece esta temática entre las más leídas por los varones aunque le dobla en proporción el gusto por los deportes, que coindice tanto en revistas como en el periódico. En el caso de las mujeres, prefieren las revistas y la sección de espectáculos, así como las publicaciones que abordan los temas de salud, belleza y cocina, lo cual responde al patrón ofertado al sector femenino del mercado.

IV. Discusión

La pregunta de investigación planteada permite guiar la interpretación de los resultados acerca del peso de las variables de nivel sociocultural familiar, tamaño de la localidad de residencia y género en el consumo cultural de los adolescentes.

Las desigualdades socioculturales que se han evidenciado en los datos presentados, se relacionan con el acceso a los bienes simbólicos del libro y la lectura en el marco de la relación estructural del capital cultural familiar y el capital escolar. La edad en la que se inicia la lectura, así como, las personas que se consideran con mayor influencia en la animación para leer, son resultado de esta relación. A mayor nivel sociocultural familiar se tiene un acceso más temprano a la lectura y su práctica se mantiene por animación de los padres. Esta condición se da en un espacio social y geográfico ya que el nivel sociocultural familiar alto corresponde con una residencia en localidades urbanas y metropolitanas.

La teoría estructural de Bourdieu permite entender esta situación al considerar que el consumo de bienes simbólicos está en función de las oportunidades que ofrece el mercado, la infraestructura y equipamiento de bienes y la densidad del capital cultural acumulado por la familia.

En el caso de los estudiantes del ámbito rural, de nivel sociocultural más bajo, la función de la intervención familiar con respecto a la lectura es muy débil debido al escaso capital cultural con el que cuenta. El peso de la escuela es fundamental en preparar al adolescente para elegir lecturas más acordes con los intereses de su grupo de edad y su clase social. Sin embargo, la eficacia en la transmisión de los bienes simbólicos como la lectura depende del capital cultural familiar, y cuando éste es escaso lo que ocurre es que el papel de la escuela se limita a la certificación.

En el acceso a los libros también resalta una situación de desventaja para los adolescentes de localidades rurales; la distribución desigual de la infraestructura y la densidad del capital cultural que se traduce en menores oportunidades objetivas ofrecidas a la población rural para el acceso a los bienes simbólicos. Asimismo, refleja las bajas condiciones en cuanto al capital cultural objetivado en el hogar, esto es, una menor cantidad de bienes culturales de uso doméstico.

Con respecto a esta desigualdad estructural en la distribución del capital cultural en México, Achar (2006) afirma que en nuestro país hay solamente mil librerías, una cantidad insuficiente para la población, a esto se agrega que se concentran en las grandes ciudades. Asimismo, la industria editorial nacional gira alrededor de las ventas de libros de texto, puesto que la mayoría de libros vendidos se encuentran en ese sector.

El mercado de consumidores de libros, independientemente que sean lectores o no, se enmarca en la Ley de Fomento para la Lectura y el Libro aprobada en 2006, así como en las recomendaciones de la UNESCO de considerar el libro como elemento de un sector cultural estratégico desde el punto de vista económico (Schulz, 2006).

A pesar de que se considera que la relación cercana con los libros y la asistencia a las bibliotecas son equivalentes a “ser lector”, el impacto de la biblioteca es muy reducido en los escenarios rurales debido a la percepción de una lectura “institucionalizada” que se tiene de las visitas realizadas a la biblioteca en el contexto escolar. La mayor asistencia a bibliotecas está asociada a niveles de escolaridad e ingreso más altos (CONACULTA, 2010).

Por otra parte, la lectura se percibe por los estudiantes de secundaria, primero, como un medio para aprender o mejorar los trabajos escolares, y en segundo término como una actividad de entretenimiento. El sentido de obligación escolar sustituye a la naturaleza lúdica de la lectura que en su primera experiencia representa para los niños pequeños la narración de historias infantiles por los adultos. “Si la actividad no se goza es poco factible que se convierta en un hábito” (Achar, 2006, p. 28).

En la Encuesta Nacional de Lectura (ENL, 2012) se afirma que en México la lectura es un asunto estrictamente educativo, ya que está en función de la edad y la escolaridad. La formación pedagógica de lectores a través de los programas educativos continúa enfatizando el papel del estudiante como la clave de desarrollo de la actividad lectora, sin considerar la lectura en contexto, esto es, una actividad que se realiza y tiene sentido en la relación cotidiana con los otros. Los textos escritos en diversos formatos pueden convertirse en los medios idóneos para que el adolescente explore nuevos mundos, siempre y cuando la selección de lecturas despierte el interés de los adolescentes y conserven el gusto por la lectura.

Si bien se aprecia en la Encuesta Nacional de Lectura una correlación entre la escolaridad y la práctica de la lectura, es importante señalar que la salida del sistema educativo al concluir la secundaria representa el término de las lecturas de uso escolar para una gran cantidad de adolescentes (ENL, 2012). Por tanto, las rupturas en las prácticas de lectura asociadas a la trayectoria escolar son, generalmente, efecto de la deserción escolar que reinserta a los jóvenes en los sectores del trabajo informal, acorde con el nivel socioeconómico familiar.

En cuanto a los patrones de consumo cultural por distribución de género, están relacionados con las preferencias y el gusto en el tipo de bienes simbólicos que se asocian culturalmente con los prototipos femenino y masculino. Es de resaltar la mínima importancia que otorgan los estudiantes a la lectura en cuanto a las cuestiones de interés público que no vinculan con su cotidianidad; esta situación de desconexión se observa también en el poco interés que mantienen hacia la política, expresado en el mínimo porcentaje que presenta la selección de libros en ese ámbito. Esta es una situación similar a la que presenta la Encuesta Nacional de Juventud 2005, en la que los jóvenes de 12 a 29 años expresan desinterés por leer, ver o escuchar programas que tienen como eje central las cuestiones sociales de naturaleza pública, como son la economía o la política (Valdez, 2010).

V. Conclusiones

El peso del nivel sociocultural familiar y el tamaño de la localidad de residencia se reflejan en las diferencias en el acceso a los libros, la edad en que se inicia la lectura y las personas que animan a leer a los adolescentes. No así en la manifestación de preferencias y valoraciones, ya que los patrones son similares, tanto en los rubros del gusto por leer, lugar elegido para hacerlo, así como el sentido que se otorga a la lectura.

Las variaciones en las preferencias de lectura de los adolescentes están en función del género, ya que los gustos masculinos son diferentes a los femeninos en cuanto al tipo de libros y revistas que consumen.

Referencias


Achar, L. (2006). Libros, librerías y lectores. Revista Nexos, XXVIII(345), 27-28.

Bourdieu, P. (2000). La distinción. Criterio y bases sociales del gusto. Madrid, España: Taurus.

Bourdieu, P. (1979). Los tres estados del capital cultural. Revista Sociológica, 2(5).

Brunner, J. J. (2006). Chile: ecología social del cambio cultural. Anuario Ininco, 18(1). Recuperado de http://www2.scielo.org.ve/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0798-29922006000100002&lng=es&nrm=i

Consejo Nacional para la Cultura y las Artes. (2006). Encuesta Nacional de Lectura. México: Autor.

Consejo Nacional para la Cultura y las Artes. (2004). Encuesta Nacional sobre prácticas y consumo culturales. México: Autor.

Consejo Nacional para la Cultura y las Artes. (2010). Encuesta Nacional de hábitos, prácticas y consumo culturales. México: Autor.

ENLACE (2012). Evaluación nacional del logro académico en centros escolares. México: Secretaría de Educación Pública.

Fundación Mexicana para el Fomento de la Lectura, A. C. (2012). Encuesta Nacional de Lectura. México: FunLectura.

García Canclini, N. (1993). El consumo cultural en México. México: CNCA.

Kalman, J. (2006). ENL. Ocho preguntas y una propuesta, en D. Goldin (Ed.), Encuesta Nacional de Lectura. Informes y evaluaciones. México: CONACULTA.

Schulz, M. (2006). La lectura es una cuestión de interés público. Revista Nexos, XXVIII (345), 73-74.

Valdez, M. (2010). Anexo. Jóvenes en cifras. Mirada entre siglos. En R. Reguillo (Coord.) Los jóvenes en México. México: FCE- CONACULTA.


1El presente artículo es resultado del estudio denominado “Consumo y cambio cultural en estudiantes de secundaria en Jalisco”, realizado por un equipo de investigadores del Centro de Investigaciones Pedagógicas y Sociales con el respaldo de la Coordinación de Formación y Actualización de Docentes de la Secretaría de Educación Jalisco y financiado por la Subsecretaría de Educación Básica y el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (SEB-CONACYT).

Para citar este artículo, le recomendamos el siguiente formato:

Villalpando, M. E. (2014). Consumo cultural del libro y la lectura en estudiantes de secundaria en Jalisco. Revista Electrónica de Investigación Educativa, 16(3), 54-70. Recuperado de http://redie.uabc.mx/vol16no3/contenido-villalpandoa.html