Revista Electrónica de Investigación Educativa


Vol. 2, Núm. 2, 2000

Estrategias y futuro: La visión educativa de Attali

Sergio Gómez Montero
gomeboka@telnor.net
Universidad Pedagógica Nacional

Aragón 17
Fracc. Chapultepec, 2da. Sección, 22800
Ensenada, Baja California, México
 

Obra reseñada:
Attali, Jacques (1999). Diccionario del siglo XXI. Barcelona: Paidós, 358 pp.

Tiempo futuro: ¿Tiempo de utopías?

Cuando en el Renacimiento la astrología deja de pertenecer al catálogo de saberes universitarios formales, el estudio del futuro se aleja del campo de la predicción y, a través de la utopía, busca vincularse más con las cuestiones terrenales, quizá porque ella, la utopía, no es sino un ejercicio de prospectiva; es decir -simplifico la idea- de construcción de escenarios. Pero, de hecho, la relación entre cielo, universo y futuro siempre ha sido estrecha, pues para el humano existe una atracción fatal, dado el efecto espejo que concreta el deseo de la tierra, donde habitamos los humanos, por alcanzar la perfección formal -lo riguroso de sus tiempos y medidas- del cielo, en donde por lo común se ubica lo divino. En tiempos remotos, la astrología y hoy la planeación han sido las encargadas de darle cuerpo a esos afanes que indistintamente se han fundado lo mismo en las matemáticas y geometría que en el "flou" ("Nueva lógica matemática en consonancia con la naturaleza del cerebro y con su complejidad [...] lógica que se inspira en concreto en el modo de funcionamiento interno de la célula" (p. 146) y que se mueven incesantemente, en apariencia al menos, en la búsqueda de la felicidad para todos los humanos.

En esos terrenos presagiantes de visualización del futuro, el tiempo cobra una dimensión particular, por la regularidad con que avanza. Alción, la Era (25,000 años), por ejemplo, tiene un significado cabalístico relevante, de la misma manera que lo tienen el siglo y el milenio, cuyo término, por lo común, convoca a la reflexión de quienes les gusta reflexionar sobre lo que vendrá. Nostradamus, Fulcanelli, Gurdjief, son nombres que suenan a lugar común; pero hay otros, no tan conocidos, que, igual, hacen de la hermenéutica profunda su campo central de atención.

Quizá por eso allí, no en balde, hoy se ubican los afanes de uno de los pensadores más rigurosos y provocadores de la época actual, Jacques Attali, quien se mueve indistintamente por diversos terrenos del saber desde tiempo atrás y quien, apenas hace dos años, encabezó una comisión encargada de hacer una propuesta de reforma del sistema de educación superior en Francia y quien también publicó en español, en 1999, el libro que aquí se reseña. Libro que tiene relaciones estrechas, entre otros, con los de los Toffler, Las guerras del futuro, el de Steve Hagen, How the World Can Be the Way It Is, con el de Tobias: World War III, y claro, también, con los libros de entrevistas a Karl Popper (La lección de este siglo) y Eric Hosbawm (Conversaciones en torno al siglo XXI).

Diccionario del siglo XXI, no tiene pierde ni desperdicio: es más que un catálogo de términos y conceptos, una descarnada visión de un futuro que indistintamente causa estupor y esperanza y que encierra, por ende, una descripción sensiblemente crítica del presente. Una visión de futuro que indistintamente se mueve por los terrenos de la demografía o de la tecnología; de la religión (el libro termina en la página 349 con el Zen: "Exigencia del nómada, ejercicio del espíritu al servicio de la meditación. Se comprenderá su papel en el desarrollo de las facultades mentales. En él se hará el primero de los viajes inmóviles, prenda de equilibrio y camino de sabiduría"), o de la biología; que aborda cuestiones políticas, lo mismo que educativas; pero que, por sobre todas las cosas, se convierte en una provocación continua sobre lo poco o mucho que uno sabe sobre el dramatismo del presente y sobre lo sorprendente que se perfila el futuro. Una a una las definiciones de este Diccionario se presentan como una lección digna de ser tomada en cuenta.

Pero el libro también tiene una serie de líneas centrales (líneas, por cierto, que a lo largo de los años han sido tratadas en los varios libros de este autor francés) que son las que finalmente, creo, condicionaron el catálogo de términos integrados en el libro.

De esas líneas, una primera -implícita en parte, explícita en otras ocasiones- es precisamente la del tiempo. Él es el que en muchos sentidos condiciona ya y condicionará aún más nuestros actos individuales y sociales, en el sentido de que la celeridad que le es propia a los tiempos actuales y que tendería a incrementarse en la medida en que pasan los días, le otorga a todas las cosas un sentido de perennidad absoluta, bien sean objetos materiales o particularmente saberes intelectuales: la sentencia socrática de "Sólo sé que no sé nada", porque todo se modifica virtualmente de un día para otro, pareciera que en los tiempos actuales y más aún en los por venir, tiene ya plena carta de ciudadanía.

En el terreno de las preocupaciones, Attali fija su atención, a la vez, en dos conceptos seminales. El primero de ellos es la pobreza, que caracteriza y condiciona la vida toda de Africa, América Latina y en general de los países denominados del sur; pobreza que, tarde que temprano, será un factor explosivo de descomposición social y la que, si las tendencias no se modifican, en lugar de decrecer se incrementará de manera más peligrosa cada vez; ésa sería, sin duda, la espada de Damocles de la humanidad.

El segundo concepto seminal, en el terreno de las preocupaciones, es la migración, que se concreta lo mismo en las diásporas que en los nómadas. Las primeras se concretarán en verdaderos enclaves de pobreza insertos en los países económicamente poderosos, situados en diversas partes del mundo (Estados Unidos, Japón, la Europa occidental) y desde allí, las diásporas generarán un cúmulo de resistencias sociales que serán el origen del nuevo ciudadano del mundo: el nómada: "Arquetipo humano del siglo próximo […] trabajadores emigrantes, refugiados políticos, campesinos expulsados de su tierra, además de no pocos miembros de la hiperclase" (p. 238). Por ende, mundo en continuo movimiento, el del siglo XXI, dados los adelantos tecnológicos inimaginables (la nanotecnología, la nutracética, la genómica, el prión), será más que nada un mundo virtual, hecho ex profeso para la hiperclase (véase página 168).

Pero no sólo eso. El mundo del futuro, según Attali, también transformará sustantivamente la vida política, entre otras cosas, porque dos conceptos centrales del mundo actual, y su práctica respectiva, sufrirán cambios sensibles. La educación, por un lado ("Si las leyes del mercado se instalan en ella se convertirá en una industria del espectáculo […] Dejará de ser el principal crisol donde se modele la identidad de cada nación", p. 114), se irá de hecho al bote de la basura, al menos en los términos en que hoy la conocemos, para convertirse en uno de los instrumentos predilectos para imponer el dominio de los menos sobre los muchos, borrándose así del mapa, de paso, la democracia, la que "[…] se verá debilitada e incluso barrida por el mercado" (p. 99), hasta que, en el juego político del siglo XXI "[…] las nuevas tecnologías de la comunicación han de fomentar nuevas formas de democracia, sobre todo harán inclinarse a las sociedades hacia redes donde el poder ya no estará localizable, donde el territorio ya no será un espacio de soberanía, donde los partidos estarán desacreditados y donde será casi imposible poner en práctica cualquier forma de solidaridad" (p. 99). Pero, entonces, ¿políticamente qué nos depara el futuro? Por un lado, lo inmediato, las redes, entendidas sobre todo como el saber navegar en el ciberespacio, pues por ellas se negociará indistinta y virtualmente todo: lo político, lo económico, lo militar, lo social, lo cultural, lo tecnológico, lo que, entre otras cosas, dará origen a un sistema de valores sociopolíticos totalmente renovado y en donde, según Attali, la fraternidad se convertirá en el eje de las utopías y esperanzas del siglo XXI, pues ella es el único camino posible para acceder a lo fractal: "Principal metáfora de las futuras evoluciones sociales donde la realidad nace de combinaciones, donde el orden es el resultado de la interferencia entre una perturbación y un caos" (p. 149).

El siglo XXI, en palabras de Attali, reclama la existencia del intelectual polivalente -definido por Kristeva en su libro Las nuevas enfermedades del alma-: sólo él podrá enfrentar el reto del saber para el momento, dado que la sabiduría pronto se agotará de un momento para otro. Para ello tendrá que ser filósofo "[…] como cartógrafo, mediador e inventor de armisticios, será un impulsor de la paz" (p. 144), asimismo que hechicero, pues "[…] se le verá simplemente como a alguien que va ligeramente por delante de la evolución de las ciencias y de las técnicas" (p. 167).

Libro en verdad apabullante. Su lectura pareciera ser hoy obligada en general. Aunque, en particular, se recomienda a quienes hacen hoy trabajo educativo, y más aún si lo piensan hacer mañana.

 

Para citar esta reseña, le recomendamos el siguiente formato:

Gómez, S. (2000). Estrategias y futuro: La visión educativa de Attali [Reseña del libro: Diccionario del Siglo XXI]. Revista Electrónica de Investigación Educativa, 2 (2). Consultado el día de mes de año en: http://redie.uabc.mx/vol2no2/contenido-gomez.html